Duda razonable

Los dos millones y el vergonzoso silencio mexicano

Por estos días el presidente estadunidense Barack Obama tendrá el dudoso honor de completar las dos millones de personas deportadas desde Estados Unidos a sus países de origen por su estatus migratorio. Estas personas son en su mayoría mexicanos, seguidos por centroamericanos.

Dos millones es un récord. Es también una tragedia humanitaria. Familias separadas, patrimonios perdidos, vidas destrozadas.

En un breve pero muy preciso artículo reciente, el investigador Marc R. Rosenblum y Doris Meissner, ex titular del servicio de migración estadunidense, explican las razones estructurales de esta explosión en deportaciones.

Primero, el cambio de ley en 1996 que dio a la policía fronteriza más facilidades para deportar a personas sin necesidad de presentarlos ante un juez.

Segundo, el aumento —sobre todo a partir de septiembre de 2001— de recursos para las instituciones policiacas y militares encargadas de cuidar la frontera. De 1 mil millones de dólares en 1990, a 17 mil millones de dólares en 2013. De cuatro mil a 21 mil agentes fronterizos.

Y tercero, la utilización de tecnología. Sobre todo formas de identificación biométrica que permite a la policía fronteriza identificar a migrantes recurrentes.

Así, mientras Obama rompe récords, la derecha le reclama hacer poco para aplicar la ley y pone tal falacia como pretexto para ni siquiera discutir, ya no digamos aprobar una reforma migratoria verdadera.

Y al mismo tiempo la migración de centroamericanos que pasan por México aumenta, entre otras cosas, por el incentivo que significa el hecho que  las autoridades estadunidenses los atrapan en la frontera pero inmediatamente los liberan dado que los centros de detención migratoria están saturados y no hay aviones ni vuelos suficientes para llevarlos a su país de origen.

Y ese creciente flujo de migrantes acarrea para México —que por petición de Estados Unidos hace difícil el viaje de los centroamericanos— decenas de problemas que tienen que ver con el crimen organizado, las violaciones a los derechos humanos de los migrantes, la corrupción de organizaciones policiacas mexicanas.

Ante todo esto México no dice, no hace nada. Dos millones de deportados.

Ayer en la cancillería anduvieron ocupados con el primer ministro de los Emiratos Árabes Unidos.

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