Duda razonable

¿Dónde están los jóvenes de Ayotzinapa?

Pido prestado este tuit de Andrés Lajous para enmarcar el texto de hoy —y creo que el de ayer—: “La diferencia entre personas y objetos: Murillo quería ‘resolver’ el caso de ‘los 43’, no saber qué pasó con cada uno de los 43 estudiantes”.

Creo que entender eso ayuda a explicar la disputa técnica y política alrededor del basurero de Iguala entre la versión de Murillo, que sigue siendo en el expediente la de la PGR y el GIEI, y la de los antropólogos argentinos.

Tanto el doctor Torero, consultado por el Grupo de Expertos, como los antropólogos forenses han respondido a una misma pregunta (utilizo la redacción de los argentinos):

“¿Desde el punto de vista de la evidencia física recolectada y analizada proveniente del basurero de Cocula es posible que la noche del 26 al 27 de septiembre del 2014 los perpetradores hayan llevado allí a los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, asesinando en ese lugar a quienes entre ellos habrían llegado vivos hasta allí e incinerado los restos de todos ellos en dicho lugar?”.

Tanto los antropólogos como Torero —cada cual desde de su especialidad— responden no. Ambos reconocen que en el basurero ha habido fuegos, pero no de la magnitud ni en la fecha que señalan las declaraciones. Torero dice que “cualquier inferencia concluida en función a la evidencia material sobre la magnitud y duración del incendio específico ocurrido durante los presuntos eventos del 27 de septiembre es una especulación”.

Cada vez que se les preguntó a los argentinos la semana pasada si es posible que allí hubieran sido incinerados, por decir algo, 15, dicen que no lo saben, porque no fue la pregunta que se plantearon. Igualmente, el informe de Torero está basado en un fuego de magnitud suficiente para cremar 43 personas. Ambos coinciden en la imposibilidad de fijar una fecha a los muchos incendios en el basurero.

Como escribí ayer, en el mismo expediente hay varias declaraciones, incluida la de El Gil —de la que ha dado amplia cuenta Héctor de Mauleón—, y la de un sicario de El Choki, que ubica el lugar del asesinato y la incineración en dos ranchos diferentes. En una de esas declaraciones se habla hasta de haber usado una excavadora para enterrar los restos.

El problema es que Murillo tenía prisa por cerrar un caso.

Los padres la siguen teniendo por saber dónde quedaron sus hijos.

Sí, la diferencia entre objetos y personas.

 

Twitter: @puigcarlos