Duda razonable

La irresponsabilidad compartida de las izquierdas capitalinas

Me robo para esta columna una idea que dibujó Héctor Aguilar Camín el martes en la televisión.

Lo que estamos viendo en Tláhuac es la culminación de una crisis de seguridad de Ciudad de México que tiene que ver con la disputa política entre dos alas de la izquierda política mexicana y, sobre todo, capitalina.

Desde 1997, cuando la ciudad eligió por primera vez a sus gobernantes, siempre han existido delegaciones que gobiernan partidos diferentes al del jefe de Gobierno. Pero siempre, con Cárdenas, con López Obrador, con Marcelo Ebrard, había algo en donde las disputas políticas tenían que obviarse o al menos minimizarse: la seguridad.

Hasta en los momentos de crisis, que los ha habido, se veía una especie de espíritu de cuerpo que logró por muchos años tener a la ciudad como una isla en comparación de tantas otras ciudades y regiones del país azotadas por la violencia y la delincuencia organizada.

En esta megalópolis hay, por supuesto, delincuencia, y narco, y piratería y muchas otras ilegalidades, pero no los niveles de violencia y delito abierto que hoy vivimos.

La división de la izquierda que desde entonces gobierna esta ciudad parece haber acabado con ese acuerdo tácito.

La crisis de Tláhuac es la explosión de esa irresponsabilidad.

Como lo ha documentado Héctor de Mauleón, el grupo de El Ojos no solo tenía la bendición y, tal vez, la complicidad de la delegación, que gobierna Morena, sino de elementos de no poca importancia en la Secretaría de Seguridad Pública y la Procuraduría capitalinas.

Imposible pensar que esa organización creció y disfrutó y se apropió de territorio sin ayuda de todos los poderes en muchas delegaciones. Será por eso que, al final, fue la Marina la que tuvo que intervenir.

Y después… le han aventado el camión al delegado, los asambleístas que controlan en la jefatura de Gobierno. Ver a personajes como Toledo o Luna indignados —volteen a ver sus delegaciones— pues debería darles un poco de vergüenza. 

Pero en esas andamos.

Si el lío es en la Cuauhtémoc, ahí está Monreal diciendo que de él no es la responsabilidad. En Tláhuac todo es culpa de Salgado.

El espectáculo es, insisto, vergonzoso, y en medio, los capitalinos.

Twitter: @puigcarlos