Duda razonable

¿A quién le importan las policías?

El nuevo gobernador de Guerrero, Héctor Astudillo, anunció que pretende que en un año las policías del estado trabajen bajo el esquema de mando único.

La falta de un marco legal adecuado hace fácil predecir cuál será el destino de la intención de Astudillo. Poco a poco tendrá que convencer a cada uno de los 81 presidentes municipales que firmen un “convenio de colaboración” en el que ceden el control de sus policías y buena parte de su presupuesto al gobierno estatal para que sea éste el que decida sobre capacitación, equipamiento, selección de personal, nombramientos clave y, por supuesto, guías de operación cotidiana.

Unos lo firmarán inmediatamente, otros pedirán recursos económicos para otras cosas, los más se resistirán, unos por razones válidas, otros porque el crimen organizado los ha intimidado o comprado para controlar esas policías. En Guerrero, además, Astudillo se topará con las policías comunitarias, contempladas en la ley del estado. Si tuviera suerte, mucha suerte, en un año o año y medio, el secretario de Seguridad Pública estatal controlará todas las policías y se pondrá a trabajar en ese esquema.

Un año y medio después, cuando en Guerrero haya nuevas elecciones para renovar municipios, el gobierno estatal tendrá que volver a empezar el proceso de renovación de esos convenios. Unos querrán firmar, otros no. Y así seguiremos.

Que a nadie le extrañe si en unos años, la situación de los policías de Guerrero no haya cambiado mucho y con ello la seguridad en la entidad más violenta del país.

El 10 de octubre, el comisionado nacional de Seguridad, Renato Sales, insistió en que se procese en el Congreso la iniciativa de mando único que hace mucho tiempo descansa en los cajones de los legisladores. Unos días después, el presidente Peña Nieto dijo ante presidentes municipales que no se vale nadar de muertito ante los problemas locales, incluido el de seguridad.

Ese aparente doble mensaje es lo que hemos vivido la última década. Hemos invertido millones y millones en subsidios, controles de confianza, supuestos fortalecimientos de la carrera policial y la calidad de las policías del país no ha cambiado sustancialmente.

Llevamos años debatiendo cuál es el mejor modelo sin tomar decisión alguna. Cada elección es volver a empezar. Mientras tanto, se acumulan delitos, impunidad, militarización de la seguridad pública, muertos, crisis de derechos humanos... Y lo que se acumule.

 

Twitter: @puigcarlos