Duda razonable

Al Estado le importa un rábano la corrupción

El Instituto Mexicano para la Competitividad ha publicado un librazo: Transamos y no avanzamos, la corrupción en México.

En una veintena de textos bajo la dirección de Juan Pardinas y María Amparo Casar, el IMCO demuestra que el dicharacho mexicano el que no transa no avanza es una mentira. Si no avanzamos es porque transamos.

Conversé con Pardinas y uno de los autores, Rodrigo Canales.

Al final de la entrevista, Juan fue así de claro: "Al Estado le importa un rábano la corrupción".

Puso un ejemplo: en la unidad de la PGR encargada de los delitos de servidores públicos trabajan 12 personas. Su presupuesto es de 26 millones de pesos. Es decir, nada. Mencionó una comparación con Estados Unidos: de nueve gobernadores implicados allá en asuntos de corrupción, los nueve han estado sujetos a procesos penales, los nueve pisaron la cárcel. En el mismo lapso, en México, de 40, apenas una decena han estado en un proceso penal, cuatro han pisado la cárcel.

En el libro, Canales escribe:

"El modelo de negocio de la corrupción está íntimamente ligado con el modelo del quehacer nacional. Responde a una compleja maquinaria ideológica política y organizaciones, que en su momento presentó una solución efectiva a los obstáculos que impedían construir un proyecto viable de nación, pero que con el tiempo —y como ocurre en cualquier otro modelo exitoso— tomó vida propia. La resistencia al cambio de las dinámicas de corrupción viene precisamente de la efectividad histórica del patrón que las ha generado, el cual está entretejido en todos los aspectos, sectores y niveles de la sociedad mexicana".

"La eficacia del poder presidencial, conjugada con el complejo entramado legal, organizacional y narrativo que lo acompañaba, habían creado la ilusión que la capacidad operativa del gobierno federal se sustentaba en la fortaleza y legitimidad institucional, cuando en realidad operaba principalmente a través de la disciplina partidista. Las consecuencias de ese mito fueron devastadoras: al abrir las puertas de la transición se descentraliza el poder sin antes crear, a través de mecanismos efectivos de pesos la capacidad institucional de llamara cuentas o establecer disciplina en el actuar público".

Dos conclusiones quedan claras: No es cultural, es estructural.

Nadie en la política tiene ningún incentivo para cambiar nada.


Twitter: @puigcarlos