Duda razonable

Un gobierno torturado

El relator especial de la ONU ha sido bastante claro: “La tortura y los malos tratos durante los momentos que siguen a la detención y antes de la puesta a disposición de la justicia son generalizados en México y ocurren en un contexto de impunidad. Generalmente la finalidad es castigar o extraer confesiones o información. Hay evidencia de la participación activa de las  fuerzas policiales y ministeriales de casi todas las jurisdicciones y de las fuerzas armadas, pero también de tolerancia, indiferencia o complicidad por parte de algunos médicos, defensores públicos, fiscales y jueces”.

Se necesitaría un buen grado de cinismo —o vaya usted a saber qué— para decir que la afirmación del relator no es precisa. Es más: estamos cambiando todo nuestro sistema de justicia penal en buena parte por eso. Porque la tortura y el maltrato no es producto de la maldad específica de un par de policías malosos, sino que por años, muchos años, ha sido el principal método de investigación criminal.

Y es por eso que la confesión es la prueba por excelencia en los procesos penales mexicanos, aunque en la mayor parte de los países desarrollados la confesión es cada vez menos importante.

Vale la pena repetirlo: el complicado, caro, lento y absolutamente necesario proceso de cambio que el país emprendió desde 2008 y que debe estar concluido en junio del año que entra, tiene que ver exactamente, entre otras razones, con eso.

La popularidad del arraigo entre nuestros fiscales —práctica desterrada en los países que respetan los derechos humanos— es la prueba más contundente de que el relator de la ONU tiene la razón. Arraigas para provocar confesiones. Arraigas para incomunicar y dejar al detenido a merced de policías. Arraigas para desesperar y lograr declaraciones, sin importar si son verdaderas o falsas.

Según las encuestas, seis de cada diez detenidos fueron golpeados, siete de cada diez insultados o amenazados.

Esto es lo que no entiendo.

Para qué pelearse con la ONU por una palabra. Que si generalizada sí, que si generalizada no. El mismo reporte habla del aumento de la tortura en el sexenio pasado —¿quién era el procurador, por cierto?— y cómo las denuncias han comenzado a bajar. El reporte elogia pasos dados recientemente (ver el punto 78).

Para qué, pues, pelearse con la ONU.

 

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Twitter: @puigcarlos