Duda razonable

Un gobierno contra sí mismo

Cuatro billones seiscientos noventa y cuatro mil seiscientos setenta y siete millones cuatrocientos mil pesos.

En número: 4’694,677,400,000.00 pesos.

Ese es el presupuesto de egresos que los diputados aprobaron para ejercer este 2015. Es el más abultado de la historia de México desde cualquier perspectiva.

Vale la pena recordar que este es el presupuesto del gobierno de la victoria, del entusiasmo, del otro gobierno; aquel que se terminó con Iguala, las casas, —la blanca, la de Malinalco y la de Ixtapan—; el de las reformas, cuando el petróleo estaba encima de 60 dólares y el dólar debajo de 14.

Era el presupuesto del nuevo priismo. El que creía en trenes y aeropuertos y puertos y carreteras y más carreteras y más trenes.

En agosto del año pasado, el plan para 2015 era gobernar a billetazos, que no es, por cierto, mala manera de gobernar si lo que se quieren son votos.

Es la manera de gobernar desde hace unos años.

En 2006 el presupuesto andaba por los 2 billones y medio de pesos, pero la bonanza petrolera y la necesidad del calderonismo de apagar los focos de agitación lo dispararon hasta el récord que Peña Nieto logró para este año.

Pasó lo que pasó y ahora lo que falta es dinero.

Será por eso que el secretario de Hacienda y el Presidente de la República anunciaron la semana pasada en Acapulco que para 2016 el presupuesto se elaborará “con base cero”.

Así lo dijo el jueves Luis Videgaray frente a los banqueros: “En esta ocasión se trabajará con una metodología de base cero, que no es otra cosa más que atrevernos a revisar completo el presupuesto, atrevernos a revisar la estructura programática, qué programas funcionan, cuáles no están cumpliendo con sus objetivos, cuáles no están bien evaluados, qué dependencias del gobierno o qué áreas de la administración pública están duplicando funciones o ya no cumplen con el objetivo para el que fueron creadas”.

El presupuesto es la manera en que el gobierno en turno ha comprado estabilidad, oposiciones dóciles por mochadas y gobernadores insumisos.

Pocas cosas le harían mejor al país que una revisión puntual de la piñata presupuestal, llena de caprichos, absurdos e irracionalidades. La pregunta es si un gobierno en crisis de credibilidad y abajo en las encuestas será capaz de trabajar contra sí mismo.

 

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