Duda razonable

Ahora resulta: la feria del ahorro de los gastalones

De alguna manera no está mal que de repente las autoridades de todos los niveles se den cuenta de que hay un rédito político en ahorrar.

En los últimos diez días hemos visto una especie de competencia entre gobernadores, legisladores, órganos autónomos, gobierno federal y hasta presidentes municipales compitiendo con anuncios sobre recortes en su gasto. Que si ya no utilizará tres Suburban para ir a cenar, que se pagarán los celulares y la gasolina, se bajarán el sueldo, no construirán más edificios, no contratarán más gente… en fin. Otros han optado por redirigir el gasto para subsidiar servicios, en especial el transporte; otros, de plano han prohibido que los transportistas trasladen el aumento al combustible a los consumidores.

Algunos comentarios sobre la feria del ahorro y sus problemas.

Arranco con la última mencionada arriba. El transporte público en la mayoría del país es de insuficiente y mala calidad. Prohibir el ajuste a la tarifa después del aumento de precio de uno de sus insumos solo puede tener un destino, peor y menos transporte público. Y, sobre todo, la imposibilidad de cambiar el modelo de permisos y concesiones que no ha funcionado.

Pienso en la decisión del INE de no construir el edificio. El último cambio electoral le dio al instituto nuevas responsabilidades. El edificio se planeó para dejar de rentar edificios en una lógica de ahorro en mediano plazo. Su suspensión, en términos reales y pensando en el futuro, nos costará más caro.

Después están los ahorros, que son más bien gestos, que si los celulares o los coches o los choferes. No están mal, insisto, pero son tardíos y significan poco en términos económicos.

Me preocupa, sin embargo, que estas olas de dizque conciencia ahorradora terminan afectando siempre, con el pretexto de la austeridad, la calidad de por sí deteriorada de nuestros servicios públicos. No creo que el IMSS o el Issste o la seguridad pública o la recolección y procesamiento de basura o el estado de la mayoría de nuestras escuelas o el estado de nuestra infraestructura, por mencionar algunos, aguanten muchos recortes.

El problema real son años y años de un gasto caprichoso, ineficiente y opaco que sumado a la corrupción hoy hacen que cada ahorro, cada anuncio de estos días sea en realidad una ocurrencia, más que un acto de política pública responsable.

Twitter: @puigcarlos