Duda razonable

Dos felices priistas

Francisco Labastida y Humberto Roque Villanueva son dos priistas que, como pocos, padecieron al último PRI en el poder. El PRI que eventualmente perdió la Presidencia que por 70 años había sido de ellos.

Fueron víctimas de la “sana distancia”, que Manlio Fabio Beltrones ha enterrado como primera decisión.

Pero también son de los priistas que antes de eso, por mucho tiempo, disfrutaron de las mieles de ser… ese PRI.

Los invité a conversar a En15.

Lo primero que aclaran es que eso de la distancia tenía mucho de mentira. Labastida contó cómo, por ejemplo, le pidió a Ernesto Zedillo que no moviera al presidente del PRI para su campaña, cosa que, después de prometer que no haría, Zedillo hizo. Roque Villanueva dice que todo era imagen y cuenta como en la aprobación del IVA o las Afore o la reforma de la Corte, lo que menos había era distancia entre el Presidente y quien entonces fue líder de los priistas en la Cámara y presidente del PRI.

“La distancia —dice Labastida— era unilateral”.

Celebraron ambos, y se nota en sus sonrisas, la llegada de Beltrones al PRI: “Fue un juego de ganar-ganar, ganó el Presidente en prestigio, porque escogió al político más preparado para ello; ganó el partido, por tener un buen dirigente, y ganó Manlio al crecer, al ya ser un presidente del partido”.

Realistas, ven complicado el escenario para el 2018. Saben que la economía no está como debería y ambos padecieron las consecuencias de una crisis económica. Saben que el PRI ha perdido interlocución con amplias capas de la población.

Los dos insisten, sin embargo, que el PRI debe presumir sus años pasados. Labastida es enfático en recordar los viejos tiempos de crecimiento sostenido y de creación de instituciones, aunque termina diciendo: “Las cuatro grandes instituciones están quebradas, Pemex, CFE, Seguro Social e Issste, y algo tenemos que proponer para ellas”.

Pregunto si aún a estas fechas no falta una especie de mea culpa de los excesos y tragedias de aquellos años: “Yo creo que no se trata de un mea culpa en el sentido religioso de la expresión —dice Roque Villanueva—, perdóname, Carlos. Se trata de una explicación y ahí estoy de acuerdo con Pancho, de una explicación histórica de nuestros aciertos y de nuestros errores, pero una explicación histórica, más que un mea culpa”.

—¿Se sienten dinosaurios?

—La edad no solo está en las canas, eh, está en el corazón —dice Labastida.

Ríen ambos. Están felices.

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Twitter: @puigcarlos