Duda razonable

El extraño caso de dos soldados mexicanos en Fráncfort

Durante los dos primeros años de este sexenio, con disciplina espartana, el gobierno ejecutó una estrategia de comunicación que quería bajar los decibeles al problema de la violencia y la inseguridad.

Se hicieron manuales, se capacitó a comunicadores oficiales, se instruyó a diplomáticos, se insistió, con buenas y malas maneras, ante los medios. La narrativa del país debía ser otra, machacaron.

La terca realidad hizo que no fuera sostenible la estrategia. Tlatlaya, Iguala, Apatzingán, Tanhuato y la crisis de desaparecidos hicieron que el gobierno tuviera que hablar de lo que no quería, ni se había preparado.

Todo esto acarreó la atención de instancias internacionales con resultados no muy buenos. La cancillería se peleó con el relator de la ONU sobre tortura, el subsecretario Campa salió a rebatir las conclusiones preliminares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y se enfrascó en una discusión con los expertos del GIEI alrededor de si podían o no ser parte de interrogatorios a militares de Iguala.

La percepción en el mundo sobre la situación de los derechos humanos y la violencia en México, seré generoso, no es buena.

Por eso es que no entiendo lo que sucedió en la más importante feria del libro del mundo, que cada año se realiza en Fráncfort. Cito de la crónica del editor y escritor Eduardo Rabasa publicada en MILENIO, describiendo el stand colectivo mexicano, patrocinado por la Biblioteca Mexicana del Conocimiento (BMC), una dependencia de la SEP. “Lo primero que llamaba la atención era la presencia permanente de dos miembros del Ejército mexicano, ataviados elegantemente con su uniforme militar, atendiendo la porción del stand dedicada a exhibir los libros Memoria gráfica de los festejos del Ejército mexicano y Cien años de lealtad y vida institucional. La reacción de todos los editores al ver a dos militares en una feria del libro oscilaba entre la incredulidad y la risa de desesperanza…”.

Por supuesto que “adornar” un stand de libros con dos soldados no es cosa normal en una fiesta de libros, menos en esa.

Confirmo por un boletín que la SEP, ciertamente, decidió hacer del esfuerzo editorial de la Sedena, la estrella del stand mexicano.

Así que los más importantes escritores, editores, libreros del mundo pasaban frente a una exhibición que decía en grande México, custodiada por dos soldados.

¿En estos momentos? ¿En serio?

 

Twitter: @puigcarlos