Duda razonable

El enigma de la Narvarte seis meses después

Una huella dentro del clóset de una habitación fue el primer indicio de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal en el llamado “Caso Narvarte”, en el cual cinco personas fueron asesinadas el mediodía del 31 de julio del año pasado.

Con esa huella, las autoridades detuvieron a Daniel Pacheco, quien el 5 de agosto admitió haber estado en el departamento, pero negó haber participado en el homicidio. No presenció algún tipo de violencia y ni siquiera se enteró, sino hasta el día siguiente, de que hubo un multihomicidio. Dice que salió con una maleta que le dieron pero “en la espalda”. Y dio el nombre de dos individuos más.

Abraham Torres Tranquilino declaró el 30 de agosto de 2015 a las 19:15.

En esa narración aparece el mismo departamento, los mismos personajes, pero hay otra historia. En esta no hay sexo, él nunca entra al departamento, se queda en la escalera, aunque algo dice de supuestos zetas y sí hay disparos que él escucha… cuatro pisos debajo de donde sucedieron, cuando él ya estaba en la calle.

Y luego está César Omar Martínez, quien declara el 12 de septiembre de 2015 a las 8 de la noche. Dice que sí conoce a Abraham, aunque lo conoce por su apellido, que lo conoció hace como dos años, pues se lo presentó su esposa, porque ella le había ayudado en algún problema legal y lo contrató para que ayudara en su casa.

En esta tercera declaración resulta que Abraham Torres Tranquilino es empleado doméstico y César Omar aseguró que ni siquiera estuvo en la Narvarte. A ésta no faltan detalles ni color, está el extraño relato de un hombre sodomizado semanas antes, múltiples préstamos de celulares, y muchos detalles sobre su esposa.

Además de estas declaraciones, la procuraduría tiene sábanas telefónicas y otros videos de los presuntos culpables que no aclaran demasiado. Frente a un juez mexicano del viejo sistema de justicia, tal vez sea suficiente para sentenciar a esos tres.

Pero el MP no tiene ni la maleta, ni sus contenidos, ni el arma. La evidencia no deja de ser circunstancial.

Y, más importante, dada la relevancia política del asunto, la procuraduría capitalina no tiene una narrativa. No tiene un móvil ni una razón, sustentada en pruebas, de por qué fueron asesinadas cinco personas cuya única relación verdadera era, por diferentes motivos, estar esa mañana en ese departamento.

Lo que sucedió, sigue siendo un enigma.

 

Twitter: @puigcarlos