Duda razonable

Dinero, elecciones y la puerta falsa

Si algo marcó, una vez más, las elecciones de ayer, fue el dinero. Dinero entregado en hoteles, dinero repartido a operadores, dinero en bolsas, en coches, dinero sacado de licitaciones millonarias y probablemente ilegales, dinero en tarjetas, en efectivo, en transferencias. Dinero por todas partes.

Todo es dinero en las elecciones. Si usted votó ayer en alguno de los cuatro estados, y si no lo sabía, le informo que los representantes de partido que estaban en su casilla, cobraron un dinerito por estar ahí. Y todos los candidatos por los que usted votó, todos, se sentaron con algún empresario, o líder sindical, o líder transportista, o líder de alguna organización, o gobernador de su partido, a quien le pidieron ayuda y quien, a su vez, les dio un dinerito, o les prestó unos camiones, o les movilizó a unos miles de afiliados, o les compró unos anuncios, y con ellos, hoy, irremediablemente, ese candidato ya está en deuda.

Nada de eso aparecerá jamás en un reporte de gastos de campaña.

La semana pasada, el diputado Pedro Kumamoto festejó la aprobación de una reforma bajo el lema “sin voto no hay dinero”. La reforma reduce el dinero a los partidos cambiando la referencia de la fórmula de padrón total a votos válidos emitidos en la última elección. La reducción es de más de la mitad. Entiendo que Kumamoto está respondiendo a un ánimo social que odia a los partidos y que, por tanto, odia darles dinero.

No encuentro, sin embargo, demasiados argumentos para aplaudir la propuesta. Dicen: “Creemos que los partidos reciben demasiado dinero público y que esta fórmula hace que no se esfuercen para conseguir el voto popular”. Según esto, la abstención es culpa de los partidos. Eso no dicen los números históricos. Más dinero, menos dinero, más spots, menos spots, más mítines, menos mítines, los porcentajes de abstención son bastante estables. Si esa fuera la lógica ¿no necesitarían los partidos, más dinero para alcanzar más población que hoy no vota?

Reducir dinero público no abarata las elecciones. Hacer un spot, o una camiseta, o una bandera, o rentar unas sillas, o transportarse, cuesta lo que cuesta. Si el dinero no viene del erario, vendrá, aún en mayor proporción de grupos de interés que después, como ahora, nomás peor, controlarán al ganador.

El sistema electoral está enfermo. Grave. La medicina debe ser la correcta. A veces, la equivocada, es peor.

Twitter: @puigcarlos