Duda razonable

Cuando las cosas se ponen del carajo

Vivo en un país donde las cosas se están poniendo del carajo.

Todo se acumula.

El peso está por las nubes, comienzan las presiones inflacionarias, todo el mundo —menos la Secretaría de Hacienda— reduce desde ahora la expectativa del crecimiento para el año que viene, el secretario Meade advierte de menos inversión, Trump extorsiona a empresas que quieren venir a México, tenemos el presupuesto más austero de la historia en inversión pública… y ya no están los dos pilares económicos de la administración: Videgaray y Carstens.

Del carajo, pues.

Ayer un gobernador, el de Oaxaca, tuvo que madrugar y tomar posesión a escondidas, en una “sede alternativa” porque, según su propia descripción, recibía un Estado colapsado económica y socialmente.

Otro, el de Veracruz, anda de agente de embargos para tener algún dinero para pagar adeudos que dejó otro que durante seis años robó lo que quiso y su partido y su gobierno federal se taparon los ojos.

Esos mismos, los que no vieron nada desde aquel avión cargado de efectivo, ahora están desesperados buscándolo porque se les fue en sus narices. Y en el show de los gobernadores en fuga nadie sabe dónde anda el compadrito del veracruzano, el señor Borge, y nadie sabe dónde está el señor Yarrington y supongo que el otro Duarte ya anda haciendo maletas y… los que se acumulen en la semana.

La violencia y los homicidios siguen creciendo y los que saben de esto predicen que acabaremos como en los peores años del calderonismo, tal vez peor.

Vivo en un país en el que dos transformaciones que podrían dar esperanza hacia el futuro les importan un pepino a nuestros legisladores. El diseño de una nueva fiscalía independiente que sustituya a la devastada PGR ha sido manoseado por la falta de escrutinio público al nuevo procurador de parte del Senado, que no supo más que aplaudir. Y como si no fuera apremiante, van a comenzar a discutir en febrero la designación de un fiscal anticorrupción.

Y en Los Pinos, el Presidente del pragmatismo se ha convertido en el del voluntarismo: hay que echarle ganas, ser optimistas, contar las cosas buenas.

Cuatro años transformando a México, nos dice el gobierno.

Pues sí, pero, para convertirlo en qué.

Twitter: @puigcarlos