Duda razonable

De la cómica inutilidad del reglamento de tránsito

El jefe de Gobierno del Distrito Federal presentará hoy un nuevo reglamento de tránsito para la ciudad.

Por lo que sé, será un documento de vanguardia, con la mejor de las intenciones, que integra las mejores prácticas mundiales, se pondrá al peatón y sus derechos en el centro del reglamento y el modelo de movilidad.

Seguramente hoy se aplaudirán todos a rabiar y se dirán a sí mismos: qué bien lo hicimos. 

Los reglamentos dependen de que haya alguien que se los crea porque alguien los supervisa y sanciona, cosa que hace años no sucede en la Ciudad de México.

Un poco de historia: cuando llegó a la jefatura de Gobierno, Andrés Manuel López Obrador sabía que la policía de la ciudad tenía una pésima imagen. Buena parte de ese problema era la interacción cotidiana con los de tránsito, los “mordelones”. Esa imagen de corrupción se trasladaba al resto del gobierno. Tomó dos decisiones que —buenas para su imagen— la ciudad hasta hoy padece. Terminó con cualquier requerimiento serio para sacar una licencia, la hizo permanente y ordenó disminuir al mínimo el contacto entre policías de tránsito y ciudadanos. Las multas por faltas al reglamento que implicaban ser detenidos y hablar con un policía descendieron drásticamente. Los conductores nos empoderamos. De temerlos, pasamos a reírnos de ellos. 

A la mitad de su mandato Marcelo Ebrard intentó poner orden y nombró una especie de división —500 agentes— que sí podrían multarnos. Sirvieron de poco.

La ciudad es un caos. Todos hacemos exactamente lo que se nos pega la gana. Los que más manejan, más: microbuses y taxis. Todos sabemos que la posibilidad de que nos detengan es ridícula. Bastaría una rápida revisión del reglamento y un par de paseos por la ciudad para darse cuenta de que el problema no es la norma, ni el tamaño de las multas; es una policía que lleva años sin aplicar la ley y una ciudadanía que está acostumbrada al cómodo arreglo.

A veces, cuando tengo ganas de reírme leo el capítulo III: “De la circulación del transporte público de pasajero” y luego me acuerdo de mis días en las calles de la ciudad, es muy divertido.

Trascendió que todos los choferes de microbuses, camiones y taxis harán desde hoy intensas sesiones de estudio del documento para cumplirlo al pie de la letra.

Los ciudadanos, también.

Los policías se relamen los bigotes.

dudarazonable@milenio.com 

Twitter: @puigcarlos