Duda razonable

El cinismo de Astudillo y Olea

Hace 13 días mi compañera Azucena Uresti entrevistó en MILENIO Tv a Ambrosio Soto, alcalde de Pungarabato, Guerrero, asesinado este fin de semana.

Estamos solos, le dijo. Necesitamos ayuda.

“Las autoridades municipales están al servicio del jefe de plaza, la gente de Seguridad Pública, de Tránsito, de Reglamentos, todos responden a ellos. Hace ocho meses, cuando llegamos, decidimos que eso no suceda. No permitir que eso suceda.

“Teníamos en la nómina 88 policías, había 58 que no había aprobado, seguían cobrando, porque el jefe de la plaza no quería que los corrieran. No podemos vivir de rodillas. Se acabaron Ciudad Altamirano, se lo acabaron, secuestraron a la mayoría de los empresarios, a los doctores, no podemos seguir así, tenemos que despertar. Necesitamos defendernos, somos más la gente de trabajo que los malandros.

“Por supuesto ya le informamos a Renato Sales que regrese la policía, los elementos del batallón se los llevaron, estamos solos. Ellos gobernaban la Tierra Caliente. Hacían lo que ellos querían, le gustaba un pantalón al sicario o al halcón y se lo llevaba o un restaurante”.

—Me dice entonces que ya alertó de esto a las autoridades federales —preguntó Azucena.

—Hace dos o tres días, igualmente el gobernador Astudillo hizo lo mismo. Que nos ayuden, que se compadezcan, que sepan que existimos, que venga el gobierno a rescatarnos. Hay un secuestro a la semana, estamos solos.

Unos días después, en un reportaje de José Antonio Belmont repitió el llamado de auxilio. Nadie parece haber escuchado.

Peor aún, el gobernador de Guerrero, Héctor Astudillo, y el fiscal del estado, Xavier Olea, insinuaron ayer que el asesinato era culpa de la víctima por haber viajado a Huetamo “a deshoras”. ¿En serio? ¿Fue su culpa? ¿Cuáles son las horas adecuadas para que un alcalde viaje?

Del gobierno federal hemos oído poco. Las denuncias del alcalde Soto de una especie de abandono por parte de fuerzas federales de la Tierra Caliente tuvo como única respuesta una reunión más, el miércoles pasado, en Acapulco, en la que el secretario de Gobernación dijo que “no había varitas mágicas para solucionar los problemas de seguridad en la entidad”.

Puede ser.

Pero atender el llamado desesperado de un alcalde amenazado, en una zona asolada por el crimen, no necesita de magia, secretario.

Y menos necesita de un gobernador y un fiscal culpando a la víctima por “arriesgarse”.

Twitter: @puigcarlos