Duda razonable

Trump en todas partes

Chicago, Illinois. En 2014, el alcalde, Rahm Emanuel, y Donald Trump, en aquel entonces tan solo un billonario estridente, se trenzaron en una buena bronca cuando el hoy presidente “decoró” su edificio en esta ciudad con cinco letras enormes, en verdad enormes, en la fachada de su hotel: TRUMP.

En medio de edificios impresionantes, históricos, dignos de premios y elogios, Trump puso su apellido para que se viera por todas partes. Es horrible.

Emanuel dijo que buscaría maneras legales para quitar el espantoso apellido de la fachada, Trump le dijo que Chicago debería agradecerle poner su marca.

Las letras siguen ahí.

Son un buen símbolo de la sensación con la que uno se queda después de visitar Estados Unidos en estos nuevos tiempos: Trump está en todas partes.

Domina la mayoría de las conversaciones, los noticiarios, las planas de los diarios, los miedos de los inmigrantes y los entusiasmos de sus votantes.

En un restaurante te dan la cuenta con una leyenda que celebra a los inmigrantes que cocinaron lo que uno se comió. En un bar, una discusión entre jóvenes de diferentes razas termina con menciones de Trump y lo que “les va a pasar a ustedes”. La recepcionista del hotel pide perdón “por el presidente que tenemos”. Los paisanos firman papeles en los que ceden la patria potestad de sus hijos y la propiedad de sus casas en caso de ser deportados.

El presidente de la Cámara de Comercio de La Villita, el mercado más grande de Chicago, me dice que las ventas han bajado 15 por ciento, desde que tomó posesión Trump la gente no sale de sus casas. Tiene miedo. Una asesora del Senado mexicano me cuenta cómo el martes le tocó que revisaran su celular en el aeropuerto.

Cuando uno pregunta por específicos, nadie puede mencionar una redada, una serie de arrestos peor que las de otros años, pero todo mundo está convencido de que hay redadas, o que las habrá mañana. Hablé con maestras que cuentan cómo sus alumnos están temerosos de que al llegar a sus casas, sus padres hayan sido levantados por ICE.  

Ayer, al tomar el avión de vuelta a México, después de los filtros de seguridad, al final del gusano, en la puerta del Boeing 737 de Aeroméxico, dos agentes de CBP (la migra) vuelven a revisar los pasaportes, buscan mi visa, la de todos. ¿Para qué? No pregunto, yo también tengo miedo.

Nunca, en muchos años de viajar a Estados Unidos, me había sucedido algo así.

Trump está en todas partes.

Es muy jodido.

Twitter: @puigcarlos