Duda razonable

Los amarres, amores y desamores de Castañeda

El primer acierto de Jorge G. Castañeda en su autobiografía Amarres perros es el epígrafe elegido de Educación de un Cabalista, de Rav P.S. Berg, atribuido al rabino Yehuda Brandwein: “Cuando un hombre sin enemigos parte de este mundo hacia el siguiente, el Creador sabe inmediatamente que esa persona ha desperdiciado su vida”.

La elección es la primera provocación —de muchas—, revela uno de sus principales atributos: la imposibilidad de pasar desapercibido.

El segundo acierto es que Castañeda ha decidido no rehuir a nada. No hay tema, momento, personaje, circunstancia, acierto o fracaso que haya obviado, escondido o ignorado. Se escribe fácil, pero no es la tradición mexicana, en la que los personajes de la vida pública acostumbran escribir memorias que no dicen nada o libros para tirar rollos aburridísimos de lo que, creen, otros deberían de hacer.

No es así Amarres perros, que transita de lo privado —la relación de Jorge con sus padres y sus hermanos, con sus mujeres y con sus hijos— a lo público. De la cercanía con su padre canciller a su frustrada candidatura independiente a la Presidencia.

Valga la pena recordarlo: Castañeda ha estado cerca de la vida pública mexicana toda su vida. Muchas veces como protagonista, otras como cercanísimo observador; pero sería, creo, imposible encontrar a alguien que en los últimos 30 años pueda contar lo que se cuenta en Amarres perros. Del salinismo a la campaña de 2012, Castañeda ha estado ahí, influyendo, aconsejando, peleando, grillando.

Y, sobre todo, se agradece que lo cuente sin pudor. Corrijo, sin el falso pudor de nuestros personajes públicos y élites gobernantes. Castañeda ha escrito un libro político en el que cuenta algunas cosas de la política, pero sobre todo muestra que la política no es ese lugar inmaculado, lleno de santos y vírgenes donde todos, unidos, buscan el bien común. Y eso se agradece mucho. Parte de la disfuncionalidad mexicana tiene que ver con esta idea de la política como castillo de la pureza. La política es otra cosa: es forcejeo, negociación, cesión y conquista, traiciones, lealtades, y mucha tenacidad. Que no es lugar para no ensuciarse.

Como su autor, Amarres perros es un libro que no sabe pasar desapercibido.

 

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