Duda razonable

Cuando tu alcalde es un hijo de la chingada

Cuando dijo que se había robado “poquito” dinero del erario fue celebrado por folclórico, parte, supongo, de esa cosa cultural que nos abruma. Con todo y la confesión se hizo, por segunda vez, presidente municipal de San Blas, en Nayarit.

Hace unos días este señor de nombre Hilario Ramírez Villanueva se organizó una fiesta de cumpleaños. Cito de la crónica de mi compañera Liliana Padilla: “Comida y cerveza hasta saciar, y para el baile, El Recodo, que hasta le tocó ‘Las mañanitas’. Poncho Lizárraga lo abrazó y le dijo que, igual que de los nayaritas, también es amigo de los integrantes de su banda. La fiesta del alcalde costó 15 millones de pesos. Invitó a gente de todo Nayarit y se extendió a Jalisco y Sinaloa, además de Estados Unidos. En su empacadora de mango se montaron sillas para 10 mil y se solicitó apoyo de la policía de San Blas, del estado y de Protección Civil; al menos 50 elementos para garantizar la seguridad”. Después de supervisar que todo estuviera listo para arrancar el festejo, aseguró a MILENIO que solo pagó 250 mil pesos, pues el resto fue costeado por sus amigos y ni un peso salió de la Presidencia Municipal para la celebración que organiza desde hace 27 años. Layín tiene muchos amigos y muchas regalías, “la Presidencia no pagó nada. Es una administración ciudadana y este festejo es a mi gusto”, dice. Para la comida que se realizó en su empacadora “se compraron 50 mil cartones de cerveza y cocinaron 50 cabezas de res para birria, aunque los ganaderos de la región le regalaron 120. En total, el gasto estimado fue de 15 millones de pesos. Tan solo para seguridad pública, el municipio tiene un presupuesto anual de 15.9 millones”.

Desde el escenario, mientras tocaba una banda, el tal Layín sacaba a bailar algunas mujeres que eran cargadas por la multitud y se ponían a bailar con el festejado. A una de ellas, jovencísima, este tipo le levanta el vestido. Ella se sorprende y se lo baja. El alcalde lo vuelve a hacer. Ríe con la multitud. Ella sigue bailando y con la mano derecha se sujeta el vestido contra el cuerpo. Aún así, Layín lo hace por tercera vez. Una joven en calzones en un escenario frente a una multitud de miles. Layín se ríe. La humillación termina. Ella se aparta de él, se vuelve a acomodar el vestido y baja del escenario.

Suena la música.

México. 2015. La confusión entre lo folclórico y lo jodido.

 

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