Duda razonable

Videgaray: del catarrito al mal de muchos

El viernes, después del ajuste a la baja de la expectativa de crecimiento del país a 2.7% para 2014. Luis Videgaray dijo que aún así creceríamos más que la mayoría de los países de Europa, que Estados Unidos y muchos de América Latina.

El consuelo de Videgaray tiene sus matices: las más recientes proyecciones dicen que Chile, Honduras, Guatemala, Costa Rica, Panamá, Nicaragua, Ecuador, Colombia, Dominicana, Paraguay y Bolivia crecerán más de 2.7 por ciento. El promedio estimado para los centroamericanos será de 4 por ciento. Las últimas estimaciones del crecimiento estadunidense y de Inglaterra los ponen justo en nuestro 2.7%. Y el estimado del promedio de crecimiento de las economías emergentes y en desarrollo (como México) será de 4.9% para 2014. El estimado, hasta ahora, para todo el mundo es de 3.6%, por encima del de México (todos los datos provienen del FMI. World Economic Outlook, abril 2014)

Ningún padre de familia al que apenas le alcanza, ninguna madre que tiene que sacar de la escuela privada a su hijo, ningún universitario que no tiene empleo, ningún empresario que tiene que despedir empleados se consuela pensando que los holandeses o los peruanos están más jodidos.

En febrero del 2008, Agustín Carstens dijo en una entrevista con Carlos Loret de Mola que la desaceleración de la economía estadunidense causaría apenas “un catarrito” en la economía mexicana. En el segundo trimestre el 2009, el producto interno bruto de México cayó la friolera de 7.9%. En 2011, apenas iniciada la recuperación, otro secretario de Hacienda, Ernesto Cordero, dijo que con seis mil pesos al mes una familia podía hasta pagar colegiaturas.

Algo le ponen a la comida en la cocina de la Secretaría de Hacienda.

Un ajuste a la baja de un tercio de lo esperado no puede ser, ni se debe vender como buena noticia. No es lo que Videgaray ni Peña Nieto ni nadie esperaban, ni quisieran para este año.

La empatía no está peleada con la política. Después de muchos años de mediocrísimo crecimiento y falta de oportunidades, no estaría mal que un secretario de Hacienda dijera a los mexicanos que se siente decepcionado de lo que está sucediendo en la economía, que entiende la desesperación de muchos y que en eso está, pues, trabajando para mejorarlo.

Que otros estén peor no puede ser consuelo. Ni de listos ni de tontos.

 

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