Duda razonable

Pues sí, Trump sí puede ser presidente

En los últimos meses he contado en este espacio de varios inteligentísimos análisis, datos, estudios estado por estado, de cómo es casi imposible que el billonario neoyorquino logre llegar a la Casa Blanca a partir de la aritmética que le impone el complicado sistema electoral estadunidense de democracia indirecta que da muchísimo poder a estados con demografías que le favorecen poco.

Todo eso sigue ahí.

Pero la reacción de Trump frente a la matanza en Orlando, y después su decisión de vetar al Washington Post de su campaña, indican que a diferencia de lo que muchos creyeron hace unas semanas, no habrá cambio alguno, ni suavización, ni comportamientos más “presidenciales” ahora que es el candidato republicano.

El domingo en The New Yorker, David Remnick, su editor en jefe, uno de los más inteligentes periodistas estadunidenses contemporáneos escribió:

“Cada mes que pasa ha quedado más claro que Trump es un político improvisado, cuyo humor rancio reside en su deseo de decir cualquier cosa que despierte los miedos de una base política. Quizá empezó su campaña con la idea de ganar algunos votos y publicidad, crecer su perfil como genio del marketing y luego salirse. ¡Bueno para el negocio! Pero ahora que ha dejado pasmado al mundo político —y probablemente a él mismo— ha mostrado poca inclinación (o, tal vez, capacidad) para crecer en su rol, modificar su lenguaje, hacerlo por el bien del establishment republicano o por simple decencia. No lo hará. Lo que sea que infle su sentido de sí mismo e incite las ansiedades del país —eso es lo que le funciona.

“Parece indecente en un día como hoy (después de Orlando) hablar de los comentarios de Trump. Pero su velocidad, insulsez y auténtica fealdad, reflejan su carácter, su vacío, y sobre todo, la forma de la campaña electoral que viene. Desde que Trump ascendió ha estado claro que sus instintos demagógicos podían ser puestos a prueba precisamente por el tipo de tragedia sufrida en Orlando. Y, cuando tuvo frente a él el camino de la modestia y el camino del oportunismo oscuro, ha escogido el último. De eso es de lo que se trata él. Eso es quien es”.

El comportamiento que describe Remnick es la apuesta de Trump. Y es tan inaudito, tan vulgar, tan impensable hasta ahora, que tal vez no haya análisis, ni historia, ni aritmética que resista. Ahora sí hay que empezar a tener miedo.

Twitter: @puigcarlos