Duda razonable

Trump, una joya

El mundo no cesa de preguntarse cómo es que Donald Trump está donde está hoy. Cómo es que este hombre tuvo en algún momento la oportunidad de ser el presidente del país más poderoso de la Tierra.

¿De dónde salió? ¿Es una farsa? ¿Es un chiste?

Es viernes, así que va una recomendación de lectura. Hace casi 20 años, Mark Singer le hizo un perfil en The New Yorker. Ahí están ya todos los rasgos del hoy candidato republicano. Traduzco y cito unos párrafos pero vale la pena leerlo completo (http://www.newyorker.com/magazine/1997/05/19/trump-solo).

"Meses antes, le había preguntado a Trump en quién confiaba, habitualmente, durante los momentos complicados. 'En nadie', dijo. 'No es lo mío'. Respuesta que no me sorprendió. Los vendedores, y Trump no es nada si no es un vendedor brillante, se especializan en la intimidad simulada en lugar de la cosa real. Su modus operandi tenía un enfoque nítido: izar su bandera, nunca apartarse de la premisa de que el universo gira a su alrededor y, sobre todo, nunca salirse del personaje. El "tour de force Trump" —su evolución de niño rico con bordes ásperos con conexiones políticas en Brooklyn y Queens a marca internacional— sigue siendo, sin lugar a dudas, el logro más gratificante de su ingeniosa carrera. La palabrería que Trump ha patentado, un gaseoso torrente de 'fantásticos' y 'sorprendentes', 'maravillosos', 'increíbles' y varios sinónimos para 'enorme', es un ingrediente indispensable de su marca/apellido. Además de que connota cierta calidad de la construcción, el servicio y la seguridad, tal vez solamente Trump puede explicar las diferencias significativas entre los 'superlujo' y 'súper-superlujo' —su epónimo subliminal sugiere que un edificio pertenece a él, incluso después de que haya sido vendido como condominios.

"En todas partes dentro de la sede de la Organización Trump, las paredes estaban cubiertas de portadas de revistas enmarcadas, cada una con una foto de Trump o alguien que se parecía muchísimo a él. La profusión de estas imágenes —de un hombre que poseía habilidades inusuales, aunque no, evidentemente, un gen para la ironía— parecía la suma de su apetito por la autoreflexión. Su único talento —ser 'Trump' o, como a menudo hace referencia a sí mismo, 'el Trumpster', que está en todas partes reduciéndose a ser solo un personaje— lo exenta de cualquier introspección".

Twitter: @puigcarlos