Duda razonable

Trump y la elección de 2018

David Axelrod, uno de los genios de la consultoría político-electoral estadunidense, responsable de las dos campañas presidenciales de Barack Obama, publicó ayer un lúcido ensayo en The New York Times titulado “La teoría Obama de Trump”.

Axelrod confiesa que se había equivocado en el verano pasado cuando dijo que lo de Trump sería algo pasajero. Hoy, que Trump es el favorito para ganar la candidatura republicana, Axelrod dice que debió haber leído lo que le escribió en 2006 a otro aspirante a la Casa Blanca. Su propia teoría en la que había trabajado años y que en el verano olvidó.

“Aquí está el quid. Las elecciones presidenciales abiertas (a diferencia de aquellas donde quien ocupa la silla pretende la reelección) están determinadas por las percepciones del estilo y la personalidad del presidente saliente. Los votantes rara vez buscan la réplica de lo que tienen. Casi siempre buscan el remedio, el candidato que tiene las cualidades personales que el público encuentra que faltan en el ejecutivo saliente”.

Axelrod repasa el triunfo del joven Kennedy frente al viejo Eisenhower, el puritano Jimmy Carter, frente a Gerald R. Ford, heredero de la bancarrota moral de Nixon e incluso George H. W. Bush, después del popularísimo Ronald Reagan, al convertir en una virtud su propia falta de carisma.

“El político más influyente en el 2008 no va a estar en la boleta”, le escribió Axelrod al senador Obama en 2006. “Su nombre es George W. Bush”.

Y se pregunta: “¿Quién entre los republicanos es más la antítesis de Obama que el que a todos insulta, el autoritario, el que no da tregua: Donald Trump?”.

En tiempos de indignación, de este sentimiento antiestablishment, de años de frivolidad, exceso, impunidad, de triunfo de las élites sin importar el partido, parecería obvio que la palabra en la elección mexicana de 2018 será “cambio”.

Pero Axelrod dice algo más: habla del carácter del candidato, de su imagen y de sus modos. Y por supuesto del contraste con la imagen de quien deja la presidencia, su personalidad. En tiempos de espectáculo, la sustancia, como comprueba Trump, importa menos que la actitud.

Pero Axelrod hace también una advertencia. El éxito de Trump entre sus fanáticos, basado en el griterío vacío, puede ser mortal con el grueso de la población que se declara sin partido.

Algo, creo, dice todo esto del México de 2018.

 

Twitter: @puigcarlos