Duda razonable

Trump, dialogar con el bufón

No deja de sorprender que las ocurrencias de un personaje como Donald Trump causen tal revuelo en México.

El magnate de los bienes raíces, estrella de su propio programa de televisión, folclórico boquiflojo, hace esto cada año electoral en Estados Unidos, no para en verdad ser candidato a la presidencia, asunto para el que no tiene posibilidad alguna, sino para seguir presente en la mente de los americanos e impulsar su programa y su nivel de celebridad. Nada más. Él sabe que entre más absurdo su comentario, más prensa escandalizada y mejor para su causa: la de la fama.

Lo que para los estadunidenses es un chiste algo gastado, para algunos en México se vuelve una ofensa.

Da pretexto, sin embargo, para reflexionar sobre cómo debe el gobierno de México actuar en los próximos meses y años de intensa competencia electoral, en los que candidatos reales, con posibilidades reales de ocupar la Casa Blanca, debatirán el asunto de México y sobre todo el de los mexicanos que viven allá, aun sin los papeles que los amparen.

Están cerca de terminar ocho años más, lo de Barack Obama, sin avance notorio en el asunto de los mexicanos en Estados Unidos. Ni George Bush ni Obama, ambos comprometidos con la legalización de los paisanos, lograron convencer al Congreso de Estados Unidos de una reforma integral.

Por diferentes razones, pero ninguno de los dos pudo o quiso avanzar en una agenda de mayor integración comercial, económica, laboral, cultural y educativa que diera el siguiente paso a un cuarto de siglo del Tratado de Libre Comercio.

En tiempos de Calderón y de Peña, México ha regresado a la clásica y muy priista posición de no hacer nada de cara a las elecciones o los debates migratorios en Estados Unidos. Con el falso argumento de que cualquier actividad visible de cabildeo de parte del gobierno mexicano tendría efectos contrarios al deseado, el silencio ha sido la política favorita en la última década. Y por supuesto, nada o muy poco se ha logrado.

El de Peña ha sido un gobierno que mira hacia adentro y su impulso reformista inicial no tuvo un contenido respecto a la relación con Estados Unidos. Los próximos años, el debate se intensificará respecto a México y los millones de mexicanos que viven en Estados Unidos.

La ausencia mexicana en esa discusión sería imperdonable.

Lo otro es quedarnos a dialogar con los payasos del circo, como Trump.

 

dudarazonable@milenio.com 

Twitter: @puigcarlos