Duda razonable

Tom Cruise, en Apatzingán

El primer ejemplo que conocí de un programa de prevención del delito y la violencia basado en la ciencia, nos lo regaló el genio de la ciencia ficción Philip K. Dick, quien en 1956 publicó un cuento que se llama The Minority Report. El planteamiento es muy sencillo: la ciencia ha logrado extraer de tres seres humanos llamados “precogs”, que por una mutación tienen la habilidad de ver el futuro, la información precisa de quién cometerá un delito grave en las próximas horas. Esa información la procesa un órgano de seguridad que entonces detiene al futuro delincuente. El nudo de la historia tiene que ver con cómo se soluciona cuando las predicciones de los “precogs” no coinciden. No cuento más.

Steven Spielberg dirigió una versión cinematográfica que protagonizó Tom Cruise como el jefe de la división de “Precrimen”, John Anderton. Para los curiosos, está en Netflix y no está mal.

Pensé en The Minority Report el martes pasado durante la presentación del estudio de México Evalúa, Prevención del Delito en México ¿Cuáles son las prioridades?, que revisa y critica la lógica y algunos aspectos de foco y orientación del gasto del Programa Nacional de Prevención del Delito a cargo de la Subsecretaría del mismo nombre en Segob. El reporte también celebra otras partes del programa que ha tenido algunos éxitos concretos en lugares como La Laguna. 

Durante la presentación, a la que asistió la encargada de despacho de la Subsecretaría, la doctora Eunice Rendón, se debatió el informe de México Evalúa, pero de manera más amplia cómo debe hacerse eso que llamamos “prevención del delito”; un área tan nueva en el mundo como los últimos 30 años, con diferentes teorías y modelos en diferentes lugares del planeta.

La invención de la subsecretaría y la existencia del Pronapred ha sido una de las buenas noticias de este sexenio. Ha sido un proceso de ensayo, acierto y error, que hoy ha acumulado suficiente experiencia como para ajustar acciones, desechar lo que no ha funcionado y concentrarse en lo que parece funcionar, integrando en esto a los expertos y activistas de la sociedad civil y los ciudadanos.

Pero siempre recordando la pregunta fundamental de la historia de Philip K. Dick: ¿es suficiente la información de que algo va a suceder para lograr cambiar ese suceso?


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