Duda razonable

Que el aire lo ayude, señor Mancera

En tiempos de redes sociales no hay disculpa que valga.

El martes a media mañana, Miguel Ángel Mancera se disculpó con los habitantes de la ciudad por las molestias e inconvenientes provocados por la medida emergente que tomó la Comisión Ambiental de la Megalópolis. Una horas más tarde la calidad del aire no dio para más y se declaró Fase 1 de contingencia.

El juicio en las redes fue inmediato y brutal. La medida no sirvió para nada. Todo era culpa de Mancera. ¡Teníamos razón, teníamos razón! Celebraban jubilosos, mientras tosían.

La urgencia periodística es siempre cruel y precisa: En primer día de norma emergente se declara contingencia. Así fue la cabeza.

Transporte público atascado, dueños de automóviles indignados porque no pueden subirse a su más preciado bien, niños encerrados en sus salones de clase, camiones de carga parados en las entradas de las carreteras, Concamin amenazando que podría haber desabasto, un poco de histeria colectiva, pues; quiero suponer que en el gobierno de la Ciudad de México se abstuvieron de hacer encuestas de aceptación esta semana, para qué deprimirse.

Pero ayer en la mañana, alguien tuvo una mejor idea en el gobierno de Ciudad de México y mandó al campo de batalla al doctor Armando Ahued para advertirnos que este era un asunto de salud. No tengo claro que haya servido demasiado. Hace unos años, cuando aquella crisis de la influenza, al menos todos tuvimos a alguien que conocía a alguien que estaba en cama sintiéndose morir. La amenaza se podía tocar, era real.

La crisis de ozono, con los azules cielos de estos días, suena a cosa lejana en comparación con las incomodidades de la medida. La contaminación mata lentamente, en esta ocasión ni pájaros caen del cielo asfixiados.

¿Cómo se derrota lo que no se ve, no se siente?

Si fuera cierto aquello que enseñan en las escuelas de negocios, esto debería ser un "área de oportunidad" para el vapuleado jefe de Gobierno.

Qué tal si su verdadero legado no se quedara en una Constitución que nadie pidió y nadie entiende, sino en un verdadero programa que cambiara la manera en que los capitalinos nos movemos. Que terminara con mafias, apostara por el transporte público y la infraestructura, encareciera el uso del vehículo para pagar por cambios estructurales en la infraestructura. En fin.

Una reforma por la que los capitalinos lo recuerden, que derrote los malos aires que hoy lo tienen donde lo tienen.


Twitter: @puigcarlos