Duda razonable

Tlatlaya, el maestro Juan Velásquez y lo que pasó aquella noche

El lunes de esta semana, el Juzgado Décimo Cuarto de Procesos Penales Federales con sede en el Distrito Federal ordenó la libertad inmediata de los efectivos castrenses Alan Fuentes Guadarrama, Julio César Guerrero Cruz, Samuel Torres López y Ezequiel Rodríguez Martínez, en cumplimiento de un fallo emitido por el Sexto Tribunal Unitario del Estado de México, quienes habían sido acusados de —esto es importante— ejercicio indebido del servicio público, abuso de autoridad y encubrimiento en relación con los hechos sucedidos en Tlatlaya el año pasado.

Como bien lo explicó mi compañero Rubén Mosso en MILENIO: la liberación derivó porque la PGR nunca notificó a los soldados quién los estaba acusando y tampoco les permitió reunirse con sus abogados. Ante esas irregularidades, los militares impugnaron en el Sexto Tribunal Unitario del Estado de México el auto de formal prisión que fue dictado en su contra el 11 de noviembre de 2014. El tribunal resolvió dejar insubsistente el auto. El juez —ojo, otra vez— sí dejó en prisión a Fernando Quintero Millán, Roberto Acevedo López y Leobardo Hernández Leónides, acusados de abuso de autoridad, homicidio calificado en agravio de ocho personas y alteración ilícita del lugar y vestigios del hecho delictivo.

La defensa, en voz del legendario abogado Juan Velásquez, genio del spin, recorrió el circuito de entrevistas y confundió lo suficiente para hacer creer que la decisión tenía que ver con los hechos de lo sucedido en Tlatlaya aquella noche. Aplauso, ese es su trabajo y siempre lo ha hecho bien.

Pero no.

La liberación de los militares tiene que ver con las fallas en asuntos de procedimiento, desaseado y violatorio del debido proceso por parte de la PGR. Por eso es que los soldados están libres, qué bueno; habla bien de los jueces que han cuidado los derechos de los soldados, mal de la procuraduría, que no lo hizo.

Pero a los únicos soldados acusados de homicidio se les ratificó el proceso, siguen presos y, si en esos casos la PGR hizo/hace las cosas bien, tendrán que seguir enfrentando un juicio sobre los ahí sucedido.

Eso es lo que pasó el lunes.

Lo demás es confundir el caldo con las albóndigas, aderezadas por la salsa de uno de los grandes abogados defensores mexicanos, Juan Velásquez.

 

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