Duda razonable

Tanhuato, ¿quién declaró la guerra?

No hay análisis que pasado por el filtro del correcto uso de la fuerza de parte del Estado soporte lo que supimos el viernes pasado.

Una supuesta denuncia, una supuesta invasión de propiedad, una investigación, un enfrentamiento de tres horas. El resultado: 43 muertos. Cuarenta y dos civiles y un elemento de la Policía Federal. Se decomisaron, por cierto, solo 38 armas. Había menos armas que civiles muertos.

Esos números de muertos de un lado y del otro tienen sentido en un escenario de guerra, en la lógica de la exterminación del enemigo. Hasta donde sabemos, no se ha declarado legalmente en México la guerra a nadie. Ni siquiera se ha declarado un estado de excepción.

Ya en 2011 un estudio señalaba tendencias alarmantes en el índice de letalidad resultado de los enfrentamientos entre fuerzas federales y presuntos delincuentes. Ese se puede ver aquí:  http://www.nexos.com.mx/?p=14555.

El comunicado leído por el comisionado Monte Alejandro Rubido el viernes por la noche no deja duda: lamenta, y qué bueno, la muerte del policía; pero no tiene una palabra, un gesto, para los otros 42 muertos. Son apenas “presuntos delincuentes abatidos”. Ese es el lenguaje de la guerra. En lugares donde existe el estado de derecho, el “abatimiento” de un civil se lamenta, y por eso se evita a toda costa. Para eso existen protocolos de actuación y de uso de fuerza letal, siempre el último recurso. En el mismo comunicado, Rubido utiliza la palabra “contundente”.

El lenguaje de la guerra. El que hemos normalizado.

Y así lo entendió el mundo.

Una revisión de las notas publicadas en los principales medios del orbe desde el viernes no deja duda de que México ¿es?, ¿vuelve a ser?, ¿nunca ha dejado de ser? sinónimo de la violencia sin ley. Marca País, que le llaman.

Horas antes de la matanza en Michoacán, en la Ciudad de México el Presidente, parte del gabinete de seguridad, organizaciones no gubernamentales, académicos y jueces se reunieron para discutir la implementacion del nuevo sistema de justicia penal, el de la presunción de inocencia, el de las garantías y los derechos de los ciudadanos frente al Estado.

Todo eso tan lejos, tan muy lejos de un rancho entre Michoacán y Jalisco.

Ahí: la guerra.

Sin derechos, sin juicios, sin ley.

Es la guerra. Que nadie se engañe. Que todos se guarezcan.

 

dudarazonable@milenio.com 

Twitter: @puigcarlos