Duda razonable

Peña Nieto a los 18

Se ha ido una cuarta parte del sexenio de Enrique Peña Nieto. Dieciocho de 72 meses. La mayoría de edad. En cuatro años estaremos eligiendo al próximo Presidente de México, pero en tres años el sexenio de Peña Nieto comenzará su fin, el país habrá iniciado la discusión sobre la sucesión.

Ha sido este un gobierno con un plan y prisa para llevarlo a cabo. Si todo sale, como parece que sucederá, en un par de meses se habrán concluido en 20 meses las cinco reformas que importaban al peñismo: energética, fiscal, financiera, telecomunicaciones y educativa. El 1 de septiembre, cuando se abra la nueva sesión del Congreso y el Presidente rinda su informe, será como si volviera a iniciar, con un nuevo marco legal y regulatorio en áreas de importancia, su sexenio.

El segundo arranque, sin embargo, sucede con una situación bastante más complicada que hace año y medio; en al menos tres estados del país: Michoacán, Tamaulipas y Estado de México, la situación de seguridad es grave; y los signos económicos son malos y el futuro no parece mucho mejor —al menos en comparación a las expectativas.

A finales de la semana pasada, Roy Campos dio a conocer la más reciente encuesta de evaluación del Presidente y la situación del país.

No hay muchos datos alentadores.

Siete de cada diez mexicanos dicen que el país está peor en la económico, lo político y en seguridad. Apenas un tercio de los mexicanos dice que el país va por el camino correcto, 57 por ciento dice que va por el equivocado. Hace un año esta pregunta daba como resultado un empate. El 55 por ciento de los mexicanos piensa que el país se le está saliendo de control al Presidente.

A 18 meses de haber iniciado el sexenio, Peña Nieto tiene menos aprobación (49) de la que tenía Salinas (75), Fox (63) o Calderón (61). Zedillo (34) es una cosa rara, porque después de ese fondo, producto de la crisis de 95, su aprobación fue para arriba, a diferencia de los otros tres.

El sexenio de Peña llega a la mayoría de edad con todas las reformas que pidió, pero con poco apoyo y mucho escepticismo de parte de sus gobernados, a los que importan las reformas solo en la medida en que mejoren sus vidas.

Eficacia, pragmatismo, resultados.

Esa fue la promesa peñista en la campaña.

La realidad y las encuestas dicen que aún no se cumple. Y ya pasó una cuarta parte del sexenio.

 

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