Duda razonable

Peña Nieto, Morera y el misterio de nuestro desastre policial

Ayer el presidente Enrique Peña Nieto improvisó un discurso —el mejor que yo le he escuchado sobre el tema— explicando su estrategia de seguridad. Sin alardes, con claridad, reconociendo lo hecho en el pasado, insistiendo en las diferencias respecto a las formas hacerlo este año, con números discretos pero alentadores, y se comprometió a reforzar el esfuerzo frente a delitos como secuestro y extorsión que —reconoció— han crecido en tiempos recientes.

Decidió improvisar y dirigir la mirada directamente a María Elena Morera durante casi todo su discurso después de los señalamientos y demandas puntuales de la presidenta de Causa en Común, durante el segundo foro anual Sumemos Causas, ciudadanos+policías, que duró todo el día en el Castillo de Chapultepec.

Liberado de teleprompter, Peña Nieto reiteró que la clave para mejorar la seguridad es la reconstrucción de los cuerpos policiacos con mejor capacitación, estructura, supervisión. Aceptó que en muchas zonas del país cuando un ciudadano se encuentra a un policía prefiere alejarse, temeroso. “Vamos por una auténtica renovación de las policías”, prometió el Presidente.

Un par de horas más tarde, en el segundo panel de discusión, el investigador del CIDE Gustavo Fondevilla planteó una pregunta, un misterio realmente, que habríamos de resolver antes de emprender una vez más una renovación del sistema policiaco. Después de mostrarnos documentos, discursos presidenciales, planes oficiales exactamente iguales de las últimas cuatro administraciones federales, en los que se planteaba la creación de un nuevo sistema policiaco con mejores sueldos, programas de desarrollo, prestaciones, capacitación, estructuración de un plan de vida para aquellos que quieran ser policías; nos preguntó: ¿Cómo es que no se ha logrado? Hay el diagnóstico, se conoce la necesidad, se han puesto los recursos, parece haber existido la intención… ¿dónde se atora? ¿Dónde se ha atorado los últimos 24 años?

Se mencionaron un puñado de ejemplos que podrían documentar algún optimismo y entre el público del foro había alumnos de institutos de formación policial que deberían alimentar esperanza.

Pero está claro que con pura voluntad no es suficiente, que hay algo que no sabemos, una fórmula que no hemos descubierto, por lo que, como bien dijo el Presidente, nuestro primer impulso cuando vemos un policía es caminar en sentido contrario.

Twitter: @puigcarlos