Duda razonable

Partidos sin ciudadanos

Es interesante escudriñar los contenidos de los debates que se dieron en Oaxtepec este fin de semana entre los líderes de las múltiples corrientes del Partido de la Revolución Democrática durante su congreso nacional.

Más allá de un par de posicionamientos que ya conocíamos: que si se quiere una consulta para la reforma energética, que si se exigirá un protocolo para proteger a alcaldes amenazados por el narco y que el PRD permanecerá en el Pacto siempre y cuando la reforma energética “no sea privatizadora”, vaya usted a saber qué quiere decir eso... La bronca real estuvo en el método para decidir quién manda en el Partido. Es, al final de cuentas, una discusión sobre quién se queda con qué pedazo del pastel y no de qué sabor es el pastel a repartir. La discusión sobre la reelección de un dirigente nacional y la posibilidad de elegirlo por medio de votación universal y directa fueron los temas que calentaron la reunión.

Marcelo Ebrard y los suyos llevan meses advirtiendo que de no cambiar la dirigencia y permanecer en el Pacto por México, el más grande partido de la izquierda mexicana se encamina a una derrota electoral contundente en la elecciones del 2015, de la cual sería imposible levantarse para ser competitivos en el 2018. Los Chuchos, hoy en alianza pragmática con otras corrientes, pero sobre todo con el respaldo de los gobernadores perredistas, ya no creen que Ebrard sea el mejor candidato para el PRD en la próxima elección presidencial, como sí lo creyeron hace dos años. El fin de semana, frente a la derrota de sus propuestas por la disciplinada mayoría chuchista, Marcelo habló de decisiones “drásticas”, pero la verdad es que no hay muchos caminos para Ebrard que no sea esperar pacientemente el desgaste de la cúpula de Nueva Izquierda, que seguramente tendrá un nuevo periodo en la presidencia nacional en la persona de Carlos Navarrete.

En medio de todo este grillerío, lo que cada vez hay menos en el partido de la izquierda mexicana son ciudadanos. De los de a pie. No es, por supuesto, un problema exclusivo de los perredistas, con sus particulares matices se repite el fenómeno en las otras agrupaciones partidistas. Obsesionados con ellos mismos, mirándose el ombligo, repartiéndose dineros y prebendas y posiciones se han convertido en una burocracia más alejada de quienes, al menos en el papel, dicen representar. No estaría de más preguntar: ¿cuántos mexicanos se afilian cada día a un partido? Me temo que nos sobran los dedos de una mano.

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