Duda razonable

México después de la "trumpiza"

Ha terminado la fiesta de Donald Trump, su unción como candidato oficial del Partido Republicano rumbo a las elecciones de noviembre en Estados Unidos.

Como sucede cada cuatro años, las encuestas de los próximos días verán un avance del candidato billonario, en el que ha estado puesta la atención toda esta semana. Unas semanas después de la convención demócrata las cosas volverán a la normalidad, una que sigue siendo cuesta arriba para Trump, gracias al método de selección indirecta estadunidense que entrega todos los votos electorales de un estado al ganador y borra del tablero al perdedor. Por supuesto que todo puede pasar, pero hoy todavía se ve complicado.

El problema mexicano, sin embargo, es más allá del resultado de noviembre. Evidentemente es peor si Trump gana, pero no deja de ser ya grave. De muchas maneras el daño está hecho.

En la convención y en su discurso Trump insistió en tres temas de su campaña que pueden ser devastadores para México: el TLC ha sido un desastre para Estados Unidos y debe ser revisado, la frontera es una coladera y debe ser reforzada (según él, con una gran barda) y un endurecimiento serio de la política antimexicanos sin documentos en Estados Unidos.

El triunfo de Trump es un cambio profundo en las ideas que hasta hace unos años dominaban en el Partido Republicano y que beneficiaron a México. Fue con Ronald Reagan cuando se dio la última gran reforma migratoria que legalizó a millones de compatriotas. Fue gracias a George Bush, el primero, que hoy tenemos TLC; y nunca se estuvo más cerca de una nueva reforma migratoria que con Bush, el segundo, antes del 9/11.

El Partido Republicano nunca volverá a ser eso, más allá del destino electoral de Trump. Y sería un error confundirse con su derrota en noviembre por amplia que sea en el colegio electoral. Hay un movimiento amplio y vigoroso que, como bien dijo Trump ayer, tiene coincidencias con los votantes de Bernie Sanders y con las que la presidenta Clinton, si gana, tendrá que lidiar y apapachar. Es un movimiento nativista, antimigración, anticomercio, que quiere fronteras muy grandes y difíciles de cruzar. Si Trump pierde, ya vendrá otro, tal vez peor.

Para la política exterior mexicana es tiempo de acabar con las ocurrencias, las improvisaciones, los amateurs. Vienen años muy complicados.

Twitter: @puigcarlos