Duda razonable

Manlio, Anaya y algún otro; el encanto del gatopardismo

En 1994, hace 21 años, Manlio Fabio Beltrones dijo que la ojiva que había asesinado a Luis Donaldo Colosio había, también, terminado con su carrera política. Beltrones se refería, por supuesto, a la información aquella, falsa, de que él había participado de una u otra manera en el encubrimiento de los múltiples y presuntos, e inventados, culpables del asesinato del entonces candidato del PRI.

Cosas de la vida política y la de Manlio, hay vida después de la muerte.

Maltratado por el zedillismo, discreto durante el foxiato, opositor radical en el calderonismo, ha llegado a presidir el partido de sus amores. Llega un poco tarde, por supuesto, porque este PRI ya no es aquel PRI que todo lo dominaba, hoy tiene 29 por ciento de las preferencias electorales,
aunque mantiene los usos y costumbres de siempre, como se demostró con su designación por el Presidente de la República y la simulación al interior del partido sobre la unidad y la elección del consejo y todo aquello.

De Beltrones podemos esperar lo que hemos visto hace años, tal vez demasiados: eficacia en la negociación, precisión en la operación, tolerancia frente a la corrupción —de los suyos—; disciplina frente al Presidente y dureza frente a sus enemigos, los suyos y los de su jefe político.

Nada nuevo.

Revisé el fin de semana los discursos y el “decálogo para la regeneración” de Ricardo Anaya, el muy probable nuevo líder panista. Por lo menos a juzgar por eso, la edad no garantiza novedad. Una serie de buenos deseos y frases como “un PAN moderno, fresco y renovado” o “un PAN unido” no dicen nada sobre cómo sacar al blanquiazul del marasmo en el que lo han sumergido las facciones internas y las corruptelas de diputados y gobiernos locales. Su primera decisión: el nombramiento de coordinadores parlamentarios será signo suficiente de si su juventud significa, en algo, un cambio de guardia y, sobre todo, de ideas.

Hoy hay razones para dudarlo.

El PRD, mientras tanto, decidió terminar con el liderazgo que acababa de elegir. No está claro hoy qué significa, a qué dará paso. Por lo pronto, quienes discuten ese futuro son los mismos que tienen al PRD en la situación actual. Serán sus líderes en el Congreso y seguramente en los órganos de dirección del partido.

Así, los tres principales partidos mexicanos se transforman para que nada cambie, me temo.


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