Duda razonable

Lana y elecciones en nuestra Simunación

Una de las mayores farsas de nuestra democracia es la relación entre dinero y elecciones.

Los cambios en las leyes electorales siempre tienen que ver con un escándalo sobre dinero y proceso electoral.

Después de 2006, el PRD insistió y convenció al otro perdedor, el PRI, de que Felipe Calderón había ganado la Presidencia por el dinero de organismos empresariales privados destinados a la televisión. Se diseñó un sistema bizarro y restrictivo que, como suele suceder, envió el dinero a lugares oscuros y provocó la invención de nuevos y creativos métodos para seguir inundando de billetes nuestros procesos electorales.

A esa reforma debemos, hay que recordarlo, estos tiempos de lindos spots a toda hora y todo el tiempo.

Después de las elecciones de 2012, el PRD volvió a convencer al otro perdedor, en esta ocasión al PAN, de que había que cambiar todas las reglas, que porque Monex y que Soriana y que… nada que el IFE, por cierto, validara. Pero las reglas se volvieron a cambiar, se ampliaron facultades al INE, que ahora parece interventor bancario, y según ellos pusieron candados suficientes que, como usted sabe, nunca son.

El sistema hoy es uno que solo sirve para repartir dinero. En días de elección, por ejemplo, no conocerá usted un solo representante de casilla que no cobre de algún partido —o de dos— por estar ahí.

En diciembre, Alejandro Poiré escribió un texto en el FT y después en MILENIO Diario en el que afirmaba que “el principal culpable de la actual crisis de corrupción es el sistema de financiamiento de campañas de México.

“Si uno tuviera que diseñar desde cero un sistema orientado a aumentar la capacidad de las organizaciones criminales para infiltrarse en la política, particularmente a escala local, se podría afirmar que el modelo mexicano es probablemente el mejor lugar para empezar. Su énfasis en límites mínimos de gastos de campaña, mínimos medios legítimos para gastar y límites mínimos para el total de contribuciones privadas pone a los políticos honestos a merced de los expertos en generación y gasto de efectivo, quienes podrán competir de manera eficaz en el mercado negro del apoyo político”.

Esta semana el INE aprobó como límite de gasto de campaña para diputados federales un millon 260 mil pesos. 20 mil diarios, solo contando los de campaña legal.

El chiste se cuenta solo. Pero no me puedo reír.


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