Duda razonable

Iguala: entre burócratas no hay héroes

Sumergirse en los documentos del gobierno y fiscalía de Guerrero relativos a los hechos del 26 de septiembre del año pasado en Iguala tiene la ventaja de ver a la distancia lo que hacían aquellos que no imaginaban la magnitud y consecuencia de la tragedia.

Los funcionarios no sabían que estaban en medio del suceso que cambiaría al país, que golpearía brutalmente a un gobierno que un día antes se presumía exitosísimo.

Relato aquí, como ejemplo, cómo actuó el aparato policiaco estatal.

Desde temprana la tarde, la policía estatal sabía que los jóvenes venían hacia Iguala. 

Cuando a eso de las 9:30 de la noche el coordinador operativo de la región norte de la Secretaría de Seguridad Pública y Protección Civil estatal fue informado de que un grupo de estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa se encontraba en la central de autobuses Estrella Blanca apoderándose de varios autobuses, su primera orden fue retirar a sus policías del lugar y acuartelarlos para definir cómo actuar.

¿Por qué? Porque después de una recomendación de la CNDH, la 1VG de 2012, la policía estatal interpretó que la toma de camiones por parte de los estudiantes de la normal era una “manifestación pública” y por tanto debía “privilegiar el diálogo”.

A las 9:40, con sus policías acuartelados, la policía estatal comenzó a recibir reportes de tiroteos. El oficial a cargo pidió instrucciones a su superior, quien le indicó que hasta no conseguir mayor información debería de mantenerse en dicho cuartel para resguardar el armamento y las patrullas que ahí se encontraban. Al mismo tiempo se instruyó el reforzamiento de la seguridad perimetral del Centro Regional de Readaptación Social (Cerereso) de Tuxpan, ubicado en el municipio de Iguala de la Independencia, ya que la seguridad de esta instalación es responsabilidad exclusiva de la Secretaría de Seguridad Pública y Protección Civil del Estado.

¿Por qué? Porque el 9 de junio de 2013, en Ayutla de los Libres, había sucedido una fuga de reos después de la incursión de un grupo armado en la ciudad como distractor.

Entre las 21:32 y las 21:59 el cuartel recibe cinco reportes de tiroteos. Por órdenes del coordinador, los 38 policías estatales en servicio esa noche se quedaron resguardando el cuartel y la cárcel.

Para cuando llegan refuerzos de Chilpancingo es demasiado tarde.

Los policías estatales actuaron según protocolo.

El problema es que entre burócratas, no hay héroes.

 

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Twitter: @puigcarlos