Duda razonable

Fox, Calderón, el Congreso y la tragedia de los alcaldes

Un alcalde más fue asesinado. Otro alcalde en prisión por presuntamente trabajar con los narcotraficantes. La cuenta de este desastre en la última década es alarmante.

Tal vez sería hora de terminar con el voluntarismo, la coordinación, el vamos a echarle ganas, y revisar algunas razones estructurales.

No es difícil establecer en el fin del sexenio de Vicente Fox y principios del de Calderón un cambio legal y esta crisis comenzó a aparecer. Se modificaron la Constitución, Código Penal y Ley General de Salud y se les dio a municipios y estados la facultad y la responsabilidad “concurrente” con la Federación de perseguir el narcomenudeo.

Como se había hecho con la educación y con la salud en el sexenio de Ernesto Zedillo —y ya sabemos cómo nos ha ido ahí— los presidentes panistas y los legisladores metieron a municipios y estados a lidiar con el narco. A estados y municipios con instituciones policiacas y de procuración de justicia que no estaban listas para ello. Tanto así que ahora la idea es desaparecerlas.

Se repartió mucho dinero, sí, pero sin rendición de cuentas se mal utilizó, terminó en otras cosas y en otros bolsillos.

Los delincuentes encontraron en los alcaldes el eslabón más débil de la cadena. Los extorsionaron, pusieron a sus cómplices, quienes no aceptan son eliminados.

Honor a quien honor merece. En 2005, Ernesto López Portillo lo advirtió en un texto periodístico: “…está el problema de la crónica debilidad institucional de los aparatos de seguridad pública y procuración de justicia de los estados. Nueva pregunta: ¿hablaron de este tema los legisladores federales y los representantes de dichos aparatos? Si lo hubieran hecho, tal vez se habrían enterado de que muy probablemente la mayoría de las policías y las procuradurías locales no están preparadas para resistir las presiones que llegarán una vez que la reforma entre en vigor. Todos los colores de nuestra clase política se alinean para dar nuevas atribuciones a instituciones que no han sabido ganar la confianza y el apoyo social con los poderes que ya tienen. Gana, pues, el grito de guerra al narcotráfico y otra vez se pierde la oportunidad de impulsar una política de Estado que prefiera la prevención al castigo. Estamos en medio de una escalada que al parecer ha provocado unos mil muertos en lo que va de 2005. Ya veremos el destino que nos depara esta reforma…”

Ya lo vimos, Ernesto. Una desgracia.

Twitter: @puigcarlos