Duda razonable

¿Echaremos a perder 700 hectáreas?

Ayer, el gobierno de la Ciudad de México dio a conocer su "primer entregable" sobre el destino de las más de 700 hectáreas que hoy ocupa el aeropuerto y que en unos cinco años quedarán desocupadas.

Es, no hay duda, el reto de desarrollo urbano más importante del país en décadas y el gobierno de Miguel Ángel Mancera se adelantó ayer a la voracidad de Gerardo Ruiz Esparza, quien había insinuado que sería la SCT la que decidiría el destino del terreno y hasta quería hipotecarlo para pagar el nuevo, y a López Obrador, que quiere que ahí se quede.

Las cinco primeras conclusiones presentadas ayer me parecen más que sensatas para abrir debate:

1) La ciudad tiene preeminencia y guarda el derecho de preferencia sobre el uso del terreno del actual AICM a través de un régimen de facultades concurrentes; 2) Los predios que se encuentran en los terrenos de la Ciudad de México no pueden ser usados para apalancar, dejar en garantía o formar parte del esquema de financiamiento del nuevo aeropuerto. Ambos proyectos son lo suficientemente grandes y estratégicos, como para que el éxito de uno dependa del desfonde o la inhabilitación del otro; 3) Cualquier proyecto futuro de las 710 hectáreas, debe implicar una obra geográfica e hidráulica de grandes dimensiones, pues sin los avanzados sistemas de bombeo actuales —financiados hoy, por la propia operación del aeropuerto— decenas de delegaciones y municipios metropolitanos están condenados a la paradoja de estiaje permanente e inundaciones anuales; 4) el AICM se ha vuelto un factor de empobrecimiento urbano, el AICM ya tiene canceladas sus posibilidades de crecimiento y por su saturación y obsolescencia no representa nuevas oportunidades de desarrollo, por el contrario, está frenando la transición que requiere la ciudad hacia una nueva economía; 5) el terreno del AICM es un área lo suficientemente grande y densa en la que se pueden poner a prueba nuevos conceptos y nuevos patrones de cambio urbano para un mejor desarrollo económico y mayor cohesión social.

Me parece que el privilegiado terreno es una prueba única de si las autoridades del país, federales y locales, de diferentes partidos, son capaces de, a través de la política, llegar a un acuerdo, consensuarlo con la ciudadanía, y establecer un plan a largo plazo y ejecutarlo de manera impecable.

Son 700 hectáreas en el corazón de la capital. Si no pueden con eso...


Twitter: @puigcarlos