Duda razonable

Ebrard y la reinvención de los perdedores

Aún siendo jefe de Gobierno, inmediatamente después de anunciar que terminaría su periodo al frente de la ciudad, lo que le impediría competir por cualquier puesto de elección en 2012, le pregunté a Marcelo Ebrard con qué pretexto lo invitaría yo a En15 en marzo de 2013 o en cualquier otro momento después.

Ebrard el ciudadano no era atractivo periodísticamente. Renunciar a una posición en el Senado —que tenía segura— era renunciar a una plataforma pública que le permitiera construir el futuro que, según él, tenía y no apartarse de la dinámica noticiosa.

Andrés Manuel López Obrador había logrado, entre 2006 y 2011, mantenerse en el ánimo de su partido y sus seguidores y construir una segunda candidatura sin puesto público ni posición partidista. Pero AMLO es AMLO, para bien o para mal, figura única de la política mexicana reciente.

Trató de colocarse en el debate energético y lo arrasó El Peje y el perredismo oficial. Anunció una gira por la República y se perdió en las últimas páginas de los diarios; dijo que quería competir por el PRD y una maniobra de Los Chuchos lo ha descontado. Su heredero cerró la Línea 12 y el costo se lo ha llevado Marcelo.

Hace unos días le dijo a Ciro Gómez Leyva en la radio que no se iría a Morena ni a ningún otro partido. Y aunque le dijo a Ciro que competirá por presidir el PRD, sabe que no lo será, debería considerarse afortunado.

Ebrard se le ha pasado en el páramo.

Pero nada es para siempre.

A cambio de aceptar las reglas del juego en la sucesión perredista impuestas por Los Chuchos y que darían el triunfo casi en automático a Carlos Navarrete, Ebrard sería el próximo líder de los diputados perredistas en el Congreso. Regresando a un lugar donde hay micrófonos y cámaras todos los días y en momentos que la oposición no tiene un liderazgo real y activo ante la abdicación de Mancera.

Esa Cámara de Diputados se podría poner muy bien, a diferencia de la actual en donde Beltrones tiene sometidos políticamente a los otros dos partidos grandes. Imaginemos una Cámara donde Ebrard, Creel y César Camacho encabecen las principales bancadas.

Desde ese liderazgo se puede vislumbrar la construcción de una candidatura.

No le quedan muchas opciones a Ebrard. Estos 18 meses en el desierto deberían ser suficiente lección.

 

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