Duda razonable

EU y Trump, el daño está hecho

Una numeralia sería suficiente para construir el argumento. En los 40 meses que van de enero de 2013 hasta abril de 2016, México habrá presentado tres embajadores frente a la Casa Blanca. En ese lapso el gobierno de México también decidió pasar seis meses sin embajador en Washington. El último embajador, Miguel Basáñez, destituido ayer, no cumplió los siete meses. El presidente Peña Nieto ha dormido más noches en Turquía o Italia que en Washington. Esto, en tiempos en que el ambiente político estadunidense se ha convertido en un caldero de insultos a México, amenazas contra el intercambio comercial entre ambos países y rudeza inaudita contra los millones de mexicanos que viven en aquel país; llevamos tres subsecretarios para América del Norte.

Desde el principio del sexenio quedó claro que este sería un gobierno que mirara “hacia dentro”, según decían los miembros del equipo de Enrique Peña Nieto. Lo que ahora nos queda claro es qué tan dentro querían mirar y que no consideran al vecino como parte intrínseca de lo que sucede acá, adentro.

Prueba de eso fueron los meses sin reacción alguna del gobierno frente a los dichos de quien hoy es el más probable candidato republicano a la presidencia estadunidense y cómo aún hoy no parece haber demasiada estrategia más allá de un par de declaraciones para las primeras planas…  de México.

No deja de resultar extraño, sin embargo, actuar así frente al país con el que compartimos más de 3 mil kilómetros de frontera por la que cruzan más bienes y personas cada día que en cualquier otra frontera terrestre en el mundo. Vale la pena recordarlo, pero Estados Unidos es el país de donde viene el grueso de la inversión extranjera hacia México y, por mucho, nuestro primer socio comercial.

El gobierno se tomó nueve meses para pensar quién sería el mejor representante de México ante Estados Unidos de cara a las elecciones. El seleccionado duró seis. ¿Por qué? ¿Qué pasó? ¿Qué hizo mal? ¿Qué no hizo bien? Supongo que mis preguntas son también las de los estadunidenses. En el gobierno dicen que es una respuesta a Trump. ¿En serio? ¿Cómo?

Por cierto, de quien ahora será embajador no se saben más que buenas cosas en su desempeño en varios consulados. Su problema será que aquí a nadie le ha importado la relación con el país frente al que nos representará. El daño, está hecho.

 

Twitter: @puigcarlos