Duda razonable

EPN y el país de los sueños

Le robo a Juan Villoro una idea que le escuché hace unos días, cuando hablaba de nuestra celebración por ir a un Mundial de Futbol que, sabemos, no ganaremos y más bien, como siempre, terminará en decepción. Vivimos de sueños, porque los resultados nunca llegan, decía Villoro. Por eso necesitamos siempre renovar el sueño. Y recordaba Juan que lo que sucede en el futbol no es tan diferente a lo que sucede en nuestra vida política.

Pensé en éste, el primer año de Enrique Peña Nieto.

Reformas y reformas y reformas y más reformas que construirán un México diferente... allá, lejos, en el futuro previsible. Después de algunas negociaciones y otras leyes secundarias que algún día —dicen— estarán. Y si no sale, pues siempre hay otra reforma por hacer, otro futuro que prometer. Cuando fracasemos en Brasil, siempre estará la ilusión del próximo Mundial.

Ayer Human Rights Watch lo explicó bien en un par de párrafos de la carta que le mandó al Presidente. "En el último año su gobierno ha adoptado algunas medidas positivas en materia de derechos humanos. Promulgó una ley de víctimas de delitos, pero aún no se ha adoptado la correspondiente ley reglamentaria. Su gobierno reconoció la magnitud del problema de las desapariciones y conformó una unidad de investigación dedicada exclusivamente a estos delitos. Su gobierno afirmó estar trabajando en la definición de un Programa Nacional de Derechos Humanos, si bien aún no trascendieron los pormenores de este proyecto.

"No obstante, a casi un año de gobierno, el cambio en su estrategia de derechos humanos continúa siendo, en gran medida exclusivamente retórico. Su gobierno no ha mostrado avances significativos en la investigación de abusos del pasado, y se continúan produciendo nuevas violaciones graves de derechos humanos con impunidad."

Es decir: como en otras áreas, muchas promesas, poco gobierno. Poca ejecución. Obsesionados por "reformar", es decir, prometer; se atoran en ejecutar, gobernar, ejercer.

El gobierno que prometió eficacia gastó el primer año prometiendo.

Sueños, puros sueños.

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