Duda razonable

Después de Trump

Sería un milagro si Donald Trump logra remontar la ventaja que Hillary Clinton le lleva hoy para ser la próxima presidente de Estados Unidos.

Ayer, el Upshot de The New York Times, que compila encuestas estatales de preferencia le daba al billonario 14 por ciento de posibilidades de ganar la elección. Nate Silver, en su sitio Fivethirtyeight, le daba 17 por ciento.

Desde hace más de 20 años, el Colegio Electoral estadunidense, con su regla de que el ganador de un estado se lleva todos los votos electorales sin importar la diferencia, le da una ventaja inicial siempre al candidato demócrata por dominar algunas entidades de las que más votos dan. Solo California da 55 votos electorales, 20 por ciento de los votos necesarios para alcanzar los 270. El cambio demográfico en California ha hecho que vote demócrata en los últimas seis elecciones. Nueva York ha votado demócrata en las últimas siete. 29 votos electorales más. 25 por ciento amarrado sin mucha discusión.

A partir del 9 de noviembre, cuando Trump pierda y muchos republicanos vean en riesgo o hayan perdido su asiento en el Senado o la Cámara de Representantes, podríamos ver la recomposición de la derecha estadunidense y con ella la de la política electoral de aquel país.

La “disrupción Trump” tendrá efectos más allá del resultado de noviembre.

El 40 por ciento, o poco más de los votantes que terminarán prefiriendo al misógino, xenófobo y proteccionista no podrá ser ignorado por ninguno de los partidos, más allá del efecto destructivo que ha tenido sobre los republicanos a juzgar por la cantidad de legisladores, gobernadores y funcionarios partidistas que han abandonado la causa de Trump en las últimas semanas.

El éxito de Trump diluyó, por ejemplo, al movimiento ultraconservador Tea Party, que parecía el futuro de los republicanos, ha superado en popularidad al viejo establishment de la derecha y algunos de sus más importantes contribuyentes de dinero.

El triunfo de Hillary opacará para los demócratas sus propios problemas representados por aquellos que se volcaron por Bernie Sanders, pero ahí está el germen de un asunto similar.

Esta recomposición merece atención y estudio de nuestra cancillería. Cambiarán los interlocutores, las demandas, las políticas. Ignorarlo sería un suicidio.

Twitter: @puigcarlos