Duda razonable

La Cruzada Nacional contra el Hambre y los abandonados

El Coneval dio a conocer el lunes los resultados de su encuesta panel —más de 200 mil encuestados— para evaluar la Cruzada Nacional contra el Hambre, programa estelar de la administración de Enrique Peña Nieto operado por la Sedesol.

El informe es alentador. La estrategia de focalización en la población más pobre del país ha dado resultados concretos, la reducción de las carencias más básicas que padecen millones de mexicanos no puede ser más que una buena noticia.

Es bueno también el momento en que se dio a conocer la encuesta. A partir de diferentes documentos que mostraban que los niveles generales de la pobreza —La cruzada atiende a la fracción más pobre de esa población—no han cedido en el país, mientras que los niveles de desigualdad se han profundizado; leímos y escuchamos a más de un analista y hasta legisladores hacer el argumento de que eso mostraba el fracaso de los muchos cientos de millones de pesos que el Estado ha gastado en programas que —con tono despectivo— calificaron de "asistencialistas".

Eso sería, como me dijo Rolando Cordera en En15, "tirar al niño con el agua sucia de la bañera". Programas como la cruzada y Prospera, antes Oportunidades y tantos otros nombres, han tenido un impacto positivo innegable en la vida cotidiana de los mexicanos más pobres.

Dicho lo cual. El más grave de los problemas que hoy enfrentamos en relación a la posibilidad del crecimiento tiene mucho más que ver con los deciles intermedios que con el decil más pobre o, por supuesto con los dos deciles más ricos. Los números así lo muestran, en los últimos dos años tenemos menos pobres extremos y al mismo tiempo, más pobres.

Es en los deciles del dos al siete donde se atora el crecimiento económico, donde no se tiene acceso a servicios básicos de mínima calidad, donde por más que se trabaje no se alcanza a cubrir necesidades básicas. Eso que mide, por ejemplo, el Índice Laboral de la Pobreza, también de Coneval, y que no hace más que empeorar.

Y la condición de pobreza, o cercana a la pobreza de esas decenas de millones de mexicanos, no se soluciona con transferencias, sino con inversión, educación y mejores empleos. Y para eso se necesita imaginación y, tal vez, aceptar que lo hecho hasta hoy no ha funcionado.

No para los mexicanos abandonados.

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