Duda razonable

Cruz, Rubio y el fin de eso que llamamos “hispanos”

Por muchos años, los medios de comunicación, las organizaciones ciudadanas y la comentocracia estadunidense han insistido en que los intereses de eso que llaman "hispanos" en Estados Unidos estarían mejor y ganarían si uno de los "suyos" gobernara en aquel país.

Pues ahora están más cerca que nunca. Y ni medios ni organizaciones parecen estar muy contentos.

En el Partido Republicano dos de los tres candidatos con posibilidades de ganar la postulación republicana son hispanos, ambos son hijos de inmigrantes, tienen el apellido para probarlo, uno de ellos habla perfecto español, el otro lo entiende, pero no quiere hablarlo. Es decir, caben perfectamente en eso que por años se ha definido como hispano o latino.

Los dos, Marco Rubio y Ted Cruz, fueron electos senadores en estados con enormes poblaciones de eso que en Estados Unidos llaman "hispanos". Como a Cruz le gusta recordar, en Texas ganó 40 por ciento de esos votos; Rubio, en Florida, ganó más.

El detalle es que Rubio y Cruz tienen una agenda claramente antiinmigrante y conservadora. Es decir, ambos, de ser elegidos candidatos y después presidentes, deportarían, por decir algo, hasta a sus primos. Diré más, su posibilidad de ser elegidos candidatos depende de que se alejen cada vez más de eso que por años se ha entendido como la agenda "hispana".

Algo que seguramente resulta inexplicable, o reprobable, para aquellos que por años igualaron un apellido, o un origen, o el idioma que se habla en la mesa de la casa, con una agenda política.

Vale la pena recordar que en el partido demócrata, que parece compartir la agenda inmigrante y liberal, no hay un solo "hispano" en la competencia, ni de lejos.

Cualquiera que sea el resultado de la elección, y yo espero que ninguno de ambos "hispanos" triunfe, creo que algo ya se ha ganado. Derrumbar, por fin, esta idea que ha sido tan benéfica para aquellos que han hecho dinero y obtenido poder de esa comunidad que han construido como monolítica, homogénea, al definirla por cosas como el color de la piel, el lenguaje, el origen de los padres o un apellido, negando su enorme diversidad.

Alguien puede apellidarse López, gustar del futbol soccer, el mariachi y las telenovelas y votar por un energúmeno como Cruz.

Ni origen ni apellido son destino.

Twitter: @puigcarlos