No acabo de comprender los motivos de la decisión del grupo de expertos de la CIDH de haberse comprometido con un solo perito, José Torero, en materia de incendios para "convencerse" de que en el basurero de Cocula no fueron incinerados los cuerpos de los 43 estudiantes de la normal de Ayotzinapa.
Hoy en MILENIO, Juan Pablo Becerra-Acosta y Esteban Illades recuerdan sus conversaciones con tres expertos internacionales más, tan acreditados como al que recurrió el GIEI, que habían llegado a conclusiones similares a los de los peritos de la PGR. Lo dice Torero al final de su informe, "la evidencia recolectada no permite inferir mayores conclusiones acerca de los presuntos eventos ocurridos el 27 de septiembre o a su correlación con la hipótesis establecida a base de testimonios". ¿Por qué el GIEI sí se lo permitió?
Más allá de los motivos, la decisión del grupo opaca en los medios el resto de un informe que reconstruye la noche más triste con precisión. Que por primera vez en 12 meses apunta a un móvil —el rescate de uno o más camiones cargados de droga— y el retrato de al menos tres poblaciones —Iguala, Cocula y Huitzuco— gobernadas por delincuentes, jefes de sicarios con uniformes de policías capaces de armar un operativo bien coordinado y feroz para impedir que ningún camión saliera de Iguala.
Dicen más las 560 páginas del informe. Relatan la manera en que las autoridades policiacas de todos los niveles que no estaban cazando estudiantes fueron en algún momento testigos del operativo y prefirieron no actuar o actuar tarde.
El documento es también un recuento devastador de cómo opera la justicia mexicana. Página tras página se describen las deficiencias para resguardar y analizar las escenas del crimen. Omisiones, imprecisiones y malas prácticas primero de la Fiscalía de Guerrero y después de la PGR. La lista de las "debilidades" de la investigación de la PGR presentada ante los jueces que procesan a los detenidos es un inventario que haría el día de un buen abogado defensor de cualquiera de los detenidos.
El informe es un retrato deprimente, jodido, de un país incapaz de saber, a un año de distancia cómo y por qué 43 jóvenes desaparecieron.
Eso, más allá de discusiones técnicas entre expertos en fuego.
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