Duda razonable

Arely Gómez y la trituradora

Para un país que tiene gravísimos problemas de seguridad e impunidad delincuencial no hay explicación que valga para haber tenido cinco procuradores entre diciembre de 2006 y marzo de 2015.

Veinte meses en promedio por cada uno de los titulares de la PGR. Para lo complicado de la institución, ese lapso no da para saber quién es quién y qué puerta da a qué oficina. Si a eso agregamos que es la PGR una institución bastante vapuleada por escándalos de corrupción, ineficiencia y disputas burocráticas, es difícil entender por qué Arely Gómez aceptó mudarse desde la comodidad del Senado.

La PGR es una trituradora. Bastaría recorrer las historias de Antonio Lozano, Jorge Madrazo, el mismísimo Jorge Carpizo, el general Macedo de la Concha, por no mencionar a Chávez Chávez o Marisela Morales. Todos han tenido un caso emblemático que los ha marcado para siempre y no para bien: de Acteal, al desafuero, pasando por Moussavi, Raúl, Colosio, el cardenal, el michoacanazo, los aviones del señor Puente, la operación Limpieza…

Recién llegado a la PGR, decía el procurador Murillo que encontraba una institución devastada. La hereda con todas las subprocuradurías en manos de “encargados de despacho”; en medio de una transformación institucional que la convertirá en una fiscalía independiente del Poder Ejecutivo al mismo tiempo que se implementa un nuevo sistema de justicia.

Eso recibe la senadora. Que tenga suerte, pero va a necesitar mucho más que eso.

 

UNA NOTA SOBRE MIS HERMANOS

Mis hermanos han hecho lo que han hecho, que es mucho y bien, por ellos mismos. Ni el que se dedica al espectáculo trae a los grupos que le pido, ni la sicóloga me cuenta quiénes son sus pacientes, ni el que escribe piensa en mí cuando acomoda verbos y adjetivos. Y cuando comemos algún domingo hablamos de nuestros hijos, a veces de nuestros padres y siempre de futbol, cine y series de televisión.

Por lo que leo en estos días se ve que muchos de los que se dedican a mi oficio tienen con sus hermanos relaciones de complicidad —en el mal sentido— o de sometimiento.

No hay seudocrítica más injusta, por facilona, producto de la pereza mental, que la de la asociación por parentela.

Arely Gómez será juzgada por lo que haga a partir de hoy, y bastante complicada la tiene para salir bien de esa.

 

dudarazonable@milenio.com 

Twitter: @puigcarlos