Duda razonable

Apatzingán: pues sí, porque son el Estado

Los países tienen policías. Las reclutan, las capacitan, las arman, les pagan y les instruyen en qué deben hacer y qué no.

Las policías están ahí para que se cumpla la ley. Son el opuesto de lo que combaten: aquellos que no quieren cumplir la ley.

Es sencillo. Es parte fundamental de eso que llamamos civilización.

Se entiende que los delincuentes son delincuentes. Y lo son porque no cumplen la ley. Esos no tienen reglas o las cambian todos los días.

Los años de violencia recientes, la infinita crueldad de los delincuentes, la aparente imposibilidad de contenerlos, parecen haber nublado algunas de estas cosas en México.

Por eso es que los casos de Tlatlaya, Apatzingán y Tanhuato son tan importantes.

Y las resoluciones de la CNDH en los dos primeros, ya vendrá Tanhuato, son fundamentales para la construcción de un estado de derecho. En estos casos, todo indica que las víctimas son presuntos delincuentes que dispararon en algún momento contra la policía.

Y es en esos momentos, inimaginables para un civil, pero para el que se prepara un servidor público toda su vida, cuando los policías —o soldados haciendo de policías— no deben actuar como delincuentes.

Porque los servidores públicos tienen reglas, normas. Los delincuentes no. Entre otras:

"Cuando el empleo de las armas de fuego sea inevitable, los integrantes de las Instituciones Policiales encargados de hacer cumplir la ley:

a) Ejercerán moderación y actuarán en proporción a la gravedad del delito y al objetivo legítimo que se persiga;

b) Reducirán al mínimo los daños y lesiones, asimismo respetarán y protegerán la vida humana;

c) Procederán de modo que se presten lo antes posible asistencia y servicios médicos a las personas heridas o afectadas, y

d) Notificarán lo sucedido, sin dilación alguna, a los familiares de las personas heridas o afectadas".

Esa es la regla. Y sí, de alguna manera, si el Estado no los equipa y entrena, los policías están en desventaja.

Pero que sean diferentes de los delincuentes es lo que nos separa de la barbarie.

Twitter: @puigcarlos