Duda razonable

Abatido

Estoy abatido.

No muerto, por supuesto, que nadie se confunda, porque vivo en un país en el que abatir ya no significa matar.

Estoy —diría la RAE, mi nueva biblia— como derribado, echado por tierra, un poco tumbado y sobre todo, según la quinta acepción, perdiendo el ánimo, las fuerzas.

Estoy abatido, sí, pero siempre con absoluto respeto de mis derechos humanos.

Estoy abatido porque pasan los días y el gobierno no parece tener intención de relanzar su proyecto. Porque pasan y pasan las semanas y el Presidente no parece tener ninguna intención de cambiar a nadie en el gabinete, ni proponer al país una nueva idea que genere algún tipo de entusiasmo.

Estoy abatido porque el peso se ha devaluado frente al dólar 23 por ciento entre el primero de diciembre de 2012 y ayer; y el gobierno dice que no debemos preocuparnos.

Estoy abatido porque después del devastador informe sobre desigualdad de la Oxfam no se provocó un debate nacional serio para solucionar el que, sin duda, es nuestro mayor problema, y del gobierno no hubo ni un solo comentario.

Estoy abatido porque mientras en Estados Unidos están a 5 minutos de acusar formalmente al ex gobernador Moreira por transa, ya exhibido por todos sus cómplices, aquí no se le toca ni con el pétalo de una rosa.

Abatido porque la única respuesta ha sido el silencio frente el extraordinario reportaje de Andrés Lajous y París Martínez (Nexos y Animal Político) que exhibe cómo los gobiernos del Estado de México y el federal asignaron discrecionalmente mil 700 millones de pesos a dos empresas a las que nunca han pedido ni cuentas, ni resultados, ni éstas han probado cómo gastaron esos recursos, ni si han servido de algo porque nunca nadie las ha evaluado.

Estoy abatido porque una nueva grabación de los de OHL donde aparece el secretario Ruiz Esparza y se habla de información privilegiada de parte de la SCT a la constructora, el gobierno cree que un boletín de prensa es suficiente respuesta.

Estoy abatido porque cinco meses después Virgilio Andrade no dice nada de las casas y la blanca no se ha vendido, como se prometió.

Estoy abatido porque la reducción en homicidios lleva estancada todo el año y ayer el presidente Peña volvió a pedir a los gobernadores que hagan algo con sus policías, como lo pidió cualquier cantidad de veces Felipe Calderón y nada sucedió.

Estoy abatido pues, tumbado, echado por tierra… Porque nada pasa. Nada.

dudarazonable@milenio.com 

Twitter: @puigcarlos