Los caminos no vistos

El terror, niña, no es la muerte, es la vida

(Segunda de tres partes)

Un adulto no se dirige a un niño de manera directa; debe explicarle por qué le dirá lo que va a decirle, y la poetisa lo maneja como una madre cuyo amor por la hija se manifiesta en la explicación misma:

Por el momento, no sé

escribir otra cosa que dolor.

La felicidad de tu fiesta me

entristece. No puedo mentirte

 ¡eres tan niña  para mentirte!

Estás tan viva. Y disculpa si

 ello me recuerda a  la muerta.

Porque desde ella, todos

los niños vivos son mi niña

 muerta.

La vida, dice, es lo más terrible que existe, no la muerte, aunque ésta tenga un peso intenso:

No temas Meztli, de lo que

 te hablo es de esas cosas

 aterradoras que iluminan. De

 la muerte. De su vida. De la

 niña que no dejo de pensar

mientras te veo;(…)

Para ella, escribir es un don, y en la escritura está el deseo –volar y violar– que representa dos situaciones contrarias.

Esta idea nos muestra la contradicción interna que vive ese yo poético femenino,

a) Universalizando la particularidad: Tu nombre que es el nombre de todos los niños (…)

b) Aclarando que la vida es también la intensidad de lo vivido: (…) porque cumples nueve años, y no son poca cosa.

c) y del deseo: “Meztli: Deseo que tu sonrisa sea el poema que te lleve a volar la vida.”

Una mujer que encara la moral desde el existencialismo y  afirma “no puedo mentirte niña: la vida hiere y la oscuridad aclara”, ataca los condicionamientos sociales más arraigados.

Y usa la deconstrucción para ironizar, para develar esos significados que solamente muestran un aspecto de la realidad, y la anáfora, para dejar clara la contradicción interna:

(…) cómo te digo la muerte

de la niña sin sonar a tragi y

sólo a comedia,

cómo te explico que la felicidad

me oscurece, que me

deja triste (…)

Cómo te digo que a veces la

 luz, si solo oscuridad, oquedad,

vacío interminable,

cómo te digo que la vida y

la muerte son el poema y  tú

puedes ser quien escribe.

Hay en esa anáfora, la insistencia del sentimiento que quiere ser su contrario y quiere que se cumpla la dialéctica de la transformación de lo malo en lo bueno, que no implica la resurrección:

La oscuridad es la niña  y

no es maligna.

No hay que temer a la

muerte ni a los riesgos.

Por eso cierra con un verso contundente, que nos hace repensar lo que sabemos:

El terror niña, no es la

muerte, es la vida.