Los caminos no vistos

De las sobreinterpretaciones de los textos

No sé si eres un pensador o poeta", dijo Enrique por algo que publiqué en el Facebook, y he estado reflexionando al respecto, porque refuerza lo que me dijo un detractor, "tú ni poeta eres", pues pareciera que sólo tengo la opción de ser un pensador a pesar de haber escrito poesía durante cuarenta años.

Un pensador no se caracteriza por textos incomprensibles, aunque las interpretaciones sean tantas como lectores tenga; sin embargo, hay quien, al hacer su lectura del texto publicado, y considerando que es libre de pensar lo que quiera, piense algo equivocado, incluso en sentido contrario al que el texto sostiene, sobre todo por su ignorancia de la propia lengua.

Por ejemplo, la interpretación errónea del plural mayestático, la sustitución de la tercera persona por la segunda o la proposición que hace pensar en un "yo" cuando se habla de un "tú".

Este momento social en el que cada quien puede interpretar todo de acuerdo a sus condicionamientos y no atendiendo a la objetividad del texto, muestra una forma de control social muy sutil, imperceptible.

Como el caso de que luego de haber publicado alguna opinión hay quien comente, de acuerdo a su personal visión de las cosas, que estoy amargado, que le tengo harta envidia o celos profesionales y hasta cosas personales más delicadas.

Socialmente resulta preocupante que al lenguaje común se le atribuya sólo un valor subjetivo, de acuerdo a quien lee.

Si mal no recuerdo, Luria habla de experimentos (realizados con niños) relacionados con una forma de control de las respuestas conductuales a través del lenguaje, que se refleja posteriormente en los adultos.

En un mensaje personal, un amigo me pregunta, preocupado, después de leer dos colaboraciones anteriores en las que hablo de un hombre solo y casi desahuciado, qué se siente estar tan solo y ver el mundo de esa manera.

Le respondí que hace varios años publiqué un poema dirigido a un grupo de personas a los que dirijo unos "finos insultos", como dijo uno de mis lectores, y solamente un conocido me preguntó, para asegurarse, si la persona que él pensaba era el sujeto del poema; le di la razón, aclarándole que era a un grupo de personas representadas por quien él mencionaba.

No deja de ser una arbitrariedad, el hecho de que cualquier expresión lingüística se interprete subjetivamente, pero estoy de acuerdo en que todo mundo puede interpretar un texto como le dé su real gana, en el entendido de que, como decimos en buen español mexicano: "Si no le cabe, no empiece a repartir".