Los caminos no vistos

Saber no sabiendo

1 Ella era sólo una sirvienta. No sabía leer ni escribir, pero era sensible al color y al espacio.

Sabía lo que era la belleza más allá de la forma, pero que la forma contiene, aunque no lo sabía verbalizar.

Ese algo más fue lo que Vermeer, el pintor holandés, le vio, allá por 1665.

La vio y quedó capturado por su belleza natural y algo más que se sentía en su mirada.

2 Nadie puede negar que la belleza crea una sensación poderosa en el cuerpo de quien la mira.

La belleza tal cual, no la que dicen que tiene alguien porque es su hijo o su madre, o su mujer o alguien allegado.

3 Esa mujer era una sirvienta joven y bella, ciertamente, según lo relata Tracy Chevalier en su novela.

Y hablo de ella porque su retrato es impresionante: él vio dentro del espíritu de esa joven y no se requiere de ninguna explicación para sentirlo, aunque sólo sea en una buena reproducción impresa.

Esa impresión, y no otra, quisiera tener cuando leo algún poema, un cuento, una novela actuales.

4 La mujer de Vermeer, de acuerdo a la novela, es hermosa –y no es lo mismo belleza que hermosura, bastante, pero es solo una forma porque es una mujer de clase social económicamente alta, y no por su propia naturaleza.

Ella es como la literatura bien escrita, de imitación, sin originalidad.

Porque la belleza esa que ahora adjetivan con el epíteto de “auténtica” es algo nunca visto antes, y por eso mismo es sorpresiva.

Pero no todo lo que sorprende es bello. Hay estupideces que sorprenden y no son bellas.

La belleza, además de ser única, conmueve al espíritu y al pensamiento.

5 Guadalajara es hoy una ciudad fea.

Una ciudad que no hace pensar a sus habitantes.

Una ciudad que puya para crear pensamientos reactivos.

Por eso las letras guadalajareñas son de reacción, imitativas.

6 Hay un pensamiento reactivo, el cual aparece como respuesta a un estímulo que puede venir de afuera o de adentro del sujeto pensante.

Quien lee para escribir no escribe de manera original: imita, glosa. Es decir, no hace nada.

Este no hacer nada del que hablo no es, ni de lejos, el no-hacer de los budistas. Este no hacer es perder el tiempo y hacérselo perder a los demás.

Quien publica un libro de imitación mueve a la economía, pero no al espíritu.

7 Ella no sabía escribir, pero entendía. Y el arte es entendimiento del espíritu humano, no pensamiento reactivo ni formas de la imitación.