Los caminos no vistos

La realidad y el lenguaje

Huizinga y Gadamer hablan del juego como creador de la cultura y el lenguaje. Ambos presentan sus argumentos en sendos libros y consideran la importancia del juego proveniente de la parte inconsciente o instintiva del hombre.

Los animales juegan entre ellos como parte de su desarrollo hasta llegar a la adultez. Los juegos son físicos y rudos, y nada tienen que ver con lo que ahora los psicólogos consideran como juego para el desarrollo de la llamada “creatividad”.

Por su parte, Piaget descubrió que el niño aprendía a hablar hasta que lograba dominar su motricidad y sus esfínteres.

El lenguaje, pues, depende del desarrollo corporal del infante. No es, como dicen del alma los esotéricos, que el lenguaje llegue al cuerpo procedente de algún lugar lejano o paralelo al que vivimos.

El lenguaje, quiérase que no, es producto del desarrollo del cerebro, aunque las ideas religiosas y esotéricas hayan hecho creer la idea de la independencia del alma, del lenguaje y hasta del pensamiento, y generado la idea mágica de que en las hojas en blanco ya están inscritos los poemas o los relatos a los que la sensibilidad del poeta o del novelista revela, como si el papel fuera una película fotográfica a la que con una composición de ácidos se hace presente lo que en ellas está oculto.

La realidad no es el lenguaje. Este es solamente una señal, un indicio, de algo que existe afuera de la conciencia de cualquier individuo, y aunque la persona se haya formado la imagen de un objeto mediante el lenguaje, éste no sustituye la realidad del objeto señalado.

Sólo bajo la influencia del neopositivismo que hoy domina la sociedad es posible creer que la realidad es cosa de consenso, y que ésta desaparecerá si se invalida el convenio.

Cuando ya estén muertos aquellos que creen que la realidad es producto de un consenso la realidad seguirá allí, independientemente de su presencia.

Para establecer la diferencia entre los personajes ficticios, de poemas, cuentos y novelas, y evitar cualquier confusión con la vida real, la Escolástica llamó “ente de razón” a todo personaje literario.

Así, Claudia, Beatriz, Hamlet, don Quijote, Leopold Bloom, Lolita, etcétera, son entes de razón, no seres reales, aunque tengan parecido con la personalidad o el carácter de alguna persona viva o muerta.

El juego, como decía Pascal Bruckner, resulta ser una forma de mantenerse en la infancia de manera falsa, y, en consecuencia, es una forma de control de las clases que dominan y dirigen a la sociedad conforme a sus intereses económicos y políticos.